CAMPAÑA DE IMAGEN

No soy periodista ni experta en temas de comunicación, pero llevo varios días preguntándome si es efectivo que el ejecutivo nacional anuncie a bombo y platillo que va a llevar a cabo una campaña para promocionar la LOMCE y, por defecto, al ministro Wert. Supongo que para construir una buena imagen de algo o alguien debe hacerse de forma constante y directa, pero casi subliminal, casi sin que nos demos cuenta. Que me corrijan los entendidos si esto no es así.

El problema de este intento de promoción es que “los productos” (la LOMCE y Wert), parten con una imagen muy deteriorada y “captar nuevos clientes” les va a costar mucho trabajo. Todo este esfuerzo que el Ministerio de Educación está empleando para vendernos las virtudes de esta ley educativa y de este ministro (por cierto, en pleno verano), lo podía haber utilizado al comienzo de la legislatura reuniéndose, hablando y consultando a los sectores de la comunidad educativa qué es lo que hay que cambiar y cómo, para mejorar la educación de nuestro país. Recurriendo a términos publicitarios, tener a casi todos los “consumidores” enfadados, es una mala garantía de éxito.

Una de las claves básicas para que el mensaje llegue a los usuarios es la claridad y la cercanía en lo que se quiere transmitir. Evidentemente, desconozco las directrices exactas que sobre la campaña de promoción de la LOMCE y de Wert se han dado a las diferentes federaciones del Partido Popular, pero, lo que yo estoy leyendo de dichos mensajes por parte del PP local, refleja que la persona (o personas) que los redactan no está entendiendo absolutamente nada de la idea que se quiere difundir. Los que hablamos y escribimos para el público somos muy conscientes de cuándo lo hacemos con total convencimiento y cuándo no. Y nuestros oyentes y/o lectores lo notan, porque para cambiar algo, el lenguaje debe llegar a las emociones y esta campaña no lo está haciendo.

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Hay una cosa que debo reconocer y es que creo que Wert sí tiene un buen perfil publicitario, puesto que es el ministro más provocador que yo he conocido y eso da para muchísimos artículos y tertulias. Lo que ocurre es que su campo de trabajo, la educación, es lo más importante para el desarrollo del país y no merece que la gestione alguien que es capaz de generar tanto rechazo y oposición hacia la mayor parte de sus declaraciones y de sus acciones.

Pero, aunque esta nueva campaña de crédito a la LOMCE me está pareciendo totalmente ineficaz, lo que me preocupa no es lo que cuentan, sino lo que callan. Y de todo lo que omiten, una de las cosas que más me inquieta es el efecto de la segregación temprana del alumnado, que comienza en 3º de ESO y se hace mucho más efectiva en 4º (mi hija empieza 3º y les aseguro que, siendo buena estudiante, no sabría qué opción elegir). Wert no quiere muchos universitarios, ni el acceso a la misma en condiciones de igualdad de oportunidades y la LOMCE lo ayuda. Sólo recordarles que, cuanto más inmadura es una persona, más deja que sus decisiones se vean influenciadas por el contexto. Y un alumno de una familia con pocos recursos económicos, cuyos padres no han tenido acceso a estudios superiores y, ante el terrible endurecimiento del acceso a las becas y la subida de las tasas universitarias, probablemente irá eligiendo tempranamente la vía de la Formación Profesional, pero no por preferencias personales (que es lo deseable), sino por situaciones personales más adversas que las de otros alumnos (que es lo no deseable).

La escritora sueca Derek Curtis dijo que “Si cree usted que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”. Pero esto no lo dice la campaña a favor de Wert, después de los recortes no conviene absolutamente nada.

Por cierto, hoy no les hablo de mi vecina, porque está de vacaciones desde el día uno de este mes; ha decidido desconectar de todo y de todos y ni siquiera me llama. No me extraña, yo todavía estoy corrigiendo exámenes y voy mirando diariamente en el calendario lo que queda para agosto, a ver si así llega más rápido. Deseo que pasen un feliz verano y que a la vuelta, el mundo sea al menos un poco mejor.
Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 8 de julio

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28 DE JUNIO

Dicen que Armand de Fluviá, famoso genealogista y heraldista catalán, fue el primer español en reconocer su homosexualidad en un medio público.  Lo hizo en TV3, en el año 1978 y todavía seguía vigente la “Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social” de 1970 (que sustituyó a la conocida de “vagos y maleantes”), por la que se condenaba a “aquellos que probadamente realizaran más de un acto sexual con alguien de su mismo sexo”, a un internamiento en un establecimiento de reeducación (cárcel o manicomio) y se les prohibía la entrada a algunos lugares públicos, ya que se consideraban un “peligro social”. “Pues todavía deben quedar centros de ese estilo”, dice mi vecina en referencia al cierre que en estos días se ha llevado a cabo en EEUU, de Exodus International, la principal organización cristiana dedicada a “curar” la homosexualidad. Su director ha reconocido el dolor, el daño y el sentimiento de culpa causado inútilmente a sus “pacientes”, en sus 37 años de existencia. ¡Y esto ocurre en el siglo XXI!

Y, Armand de Fluviá, bajo el pseudónimo de Roger de Gaimón, fue uno de los fundadores del movimiento de liberación gay de España. Y este hombre sigue vivo y supongo que, sabiendo que todavía queda mucho trabajo por hacer, debe sentirse orgulloso del avance que ha experimentado nuestro país en derechos y libertades de lo que se denomina el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Y nadie puede negar que el partido político en el gobierno que más ha luchado por este progreso en España ha sido el PSOE y muchas de sus acciones lo demuestran. Sólo dos de los innumerables ejemplos: el gobierno de Felipe González derogó dicha ley franquista de 1970 y en el año 2005, siendo presidente J.L. Rodríguez Zapatero, se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, con la contundente oposición del Partido Popular y la presentación de un recurso al Tribunal Constitucional, que al final dio la razón a la ley socialista. “Se romperá la familia”, decían desde los sectores más conservadores; pues no se ha roto nada y además, se han creado nuevos tipos de familia con los mismos anhelos, alegrías, preocupaciones…, que la “tradicional” y, desde luego, con los mismos derechos y obligaciones.

 

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Pero antes, durante y después de estos dos hitos importantes, el PSOE ha hecho otras muchas cosas para que el colectivo LGBT consiga lo que por derecho le corresponde; introducir con total normalidad este tema en los contenidos curriculares de los centros educativos es la mejor forma de prevenir actitudes y conductas negativas hacia cualquier persona perteneciente a dicho colectivo, mejorando enormemente la convivencia y la cohesión social. La LOGSE introdujo los Temas Transversales, como una forma de abordar la educación en valores en todas las materias y, con la LOE, siguiendo la recomendación del Consejo de Europa, se puso en marcha Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que dedica su programación a explicar a los niño y jóvenes españoles cosas tan importantes como el respeto, la no discriminación, la convivencia pacífica o la igualdad de la diferencia. Por cierto,  sabemos que la nueva ley educativa aprobada ya por el Consejo de Ministros, la LOMCE, la elimina por “adoctrinamiento”, dicen.

Cuando nos fuimos del gobierno, en el año 2011, dejamos elaborado un anteproyecto de ley sobre “Igualdad de Trato y No Discriminación”, que está en un cajón desde la llegada del PP y que pedimos y esperamos que la rescaten y la pongan en marcha lo antes posible. Posibilitar las familias homoparentales o legalizar la operación del cambio de sexo y nombre, han sido otros logros que han conseguido que la integración real de las personas que forman este colectivo esté cada vez más cerca y que vayan desapareciendo los estigmas de otros tiempos no tan lejanos.

El 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT, que recuerda los disturbios de Stonewall, un barrio de Nueva York, en 1969 y que marcaron el inicio del movimiento de liberación sexual. Mi vecina dice que no le gustan las efemérides, que “los día de” no valen para mucho, pero no es verdad, porque, por desgracia, siguen siendo necesarios y sirven para recordar que hay algo que está sin terminar en esta sociedad. El Día del Orgullo es para que no se nos olvide que, desde hace muchos años, hay personas que día a día luchan para conseguir algo que se les ha negado por el simple hecho de tener otra orientación o identidad sexual: la posibilidad de amar a cualquier ser humano y de ser como cada uno quiera y, como dijo Simone de Beauvoir, sin sentir ningún miedo, inhibición y u obligación.  Ojalá en breve no nos haga falta esta efeméride en el calendario, sería una buenísima señal.               

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 24 de junio de 2013                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Norte y Sur

Para los ochenteros como yo, la expresión Norte y Sur inmediatamente nos evoca aquella serie de televisión protagonizada por Patrick Swayze que relataba la historiade EE.UU durante la segunda mitad del siglo XIX, a través de las sagas de los Hazard,familia de ricos industriales de Filadelfia en el Norte, y los Main, que por el contrario eran una familia de propietarios sudistas, con su plantaciónde algodón trabajada por esclavos negros.

A pesar de la amistad de sus dos jóvenes herederos, George y Orry, que se conocen en la Academia de Westpoint, los avatares de la Guerra de Secesión los sitúan en bandos opuestos.

De esta Guerra, se recuerda el que fue, sin duda, su fruto más noble, el Acta de Emancipación de los Esclavos, que permitió que a más de 4 millones de personas se les reconociera la condición de tales y que alcanzaran la Libertad. Sin embargo, lo que se suele olvidar es que en las raíces de este conflicto fratricida se encuentran sobre todo las diferencias abismales entre los dos  modelos sociales y económicos que defendían unos Estados y otros, y que llevaban muchos años generando tensiones en cuanto a las leyes fiscales, comerciales y arancelarias que debían regir en los Estados Unidos de Norteamerica.

Si nos situamos en los años 90 del siglo pasado, esta expresión de Norte y Sur, sirvió, sobre todo, para poner de manifiesto de una forma muy descriptiva la división brutal del Mundo entre los países enriquecidos del Norte y los países empobrecidos del Sur. Una división provocada por una economía mundial dominada por un capitalismo descarnado que obliga a que los países del sur, ricos en materias primas y productos naturales, tengan que vender sus producciones a los precios bajísimos que marcan las multinacionales que los controlan, para que, una vez que estas materias primas llegan a los países del norte, sean manufacturadas y convertidas en productos que se ponen en el mercado a precios mucho más altos. De esta forma, los países del sur no tienen otro camino que pedir préstamos a los del norte, que se los conceden a cambio de seguir manteniendo el control sobre sus productos y de acuerdos comerciales que provocan una gran deuda externa que ata para siempre a los países del sur, generando lo que se ha considerado un nuevo colonialismo económico.

Esta realidad ha provocado que casi tres cuartas partes de la Humanidad se hayan visto condenadas a la pobreza, al hambre, a una total falta de expectativas de futuro. Frente a ella, se levantaron importantes movimientos sociales que reivindicaban, entre otras cosas, que el comercio internacional se fundamentara en reglas realmente justas, o que los países enriquecidos destinaran anualmente el 0’7% de su producto interior bruto a una cooperación con los países empobrecidos verdaderamente eficaz, que les permitiera mejorar sus infraestructuras y tener oportunidades reales de desarrollo.

Esta realidad, que hoy sigue existiendo, se ve eclipsada, sin embargo, en nuestra vida cotidiana por realidades más cercanas. De esta forma, si hoy les preguntamos a los jóvenes españoles, portugueses, griegos e italianos qué les evoca el concepto Norte y Sur, casi con toda seguridad, nos hablarían de las diferencias entre el Norte de Europa y el Sur de Europa. Como muestra un botón, hasta hace pocos años en España hablábamos de la integración de los inmigrantes que llegaban de otros países, hoy volvemos a encontrarnos con la imagen de jóvenes españoles que emigran hacia el norte, recorriendo el camino que ya hace décadas muchos de sus abuelos también se vieron obligados a tomar.

La visión de Europa que hoy se está imponiendo en los países del Mediterráneo, es la de una Unión dominada por una Alemania que quiere imponer un modelo económico neoliberal, exportando una austeridad a ultranza, lo que en la práctica supone desmantelar nuestros Estados de Bienestar, acabar con la protección social que implica una sanidad y educación públicas, privatizar nuestro sistema de pensiones, imponer unas relaciones laborales basadas en el trabajo precario y los bajos salarios, cuyo ejemplo más claro son los tristemente famosos “minijobs”, de los que cada vez con más asiduidad nos habla el Gobierno.

Curiosamente, de todo esto, los que más pueden beneficiarse son los grandes grupos financieros y corporaciones económicas internacionales que tienen su sede, en su gran mayoría, en Alemania.

 

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Toda esta carga ideológica, viene además aderezada por lo que la periodista canadiense Naomi Klein denominó en 2007 “La Doctrina del Shock”, de tal forma que las fuerzas neoconservadoras están utilizando la incertidumbre provocada por la crisis financiera internacional para imponer su agenda laboral y económica bajo la premisa de que “o esto o el abismo”, o dejamos nuestros derechos por el camino o la crisis no tendrá solución. En este sentido, hay que recordar que Merkel defendió en 2011 la necesidad de una “democracia adecuada a los mercados”.

Sería, sin embargo, un error creer que estamos en una confrontación entre países. Hace unos días Cándido Méndez recordaba, en su visita a Melilla, que los primeros que se han opuesto y se siguen oponiendo a los minijobs y al resto de recortes en Alemania han sido los propios sindicatos alemanes. Y no debemos olvidar el entusiasmo que está poniendo la derecha española en seguir los dictados alemanes.

Esta no es una confrontación entre pueblos, es una confrontación entre dos modelos económicos, laborales y sociales, es una confrontación entre un modelo puramente economicista o un modelo social que salvaguarde nuestros derechos. Y en esto, como siempre ha ocurrido en la historia, lo único que nos puede salvar es precisamente la unidad y la solidaridad de los pueblos, poniendo duda ese “pensamiento único” que nos quieren imponer.

Hoy más que nunca hay que recordar el pensamiento de ese alemán universal que fue Bertold Brecht, “la más hermosa de todas las dudas, es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza y dejan de creer en la fuerza de sus opresores”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 17 de junio de 2013

CRUZAR LOS DEDOS

En este empeño en vano por conseguir en un mes una figura espléndida, después de todo un invierno sin acordarnos del bikini, caminaba yo a buen ritmo por el Paseo Marítimo de la Ciudad en compañía de mi vecina. Conversábamos sobre nuestros recuerdos y sensaciones más intensas de cuando éramos pequeñas. Yo crecí en el Barrio del Real, en una de las denominadas “casas matas” y pasaba horas y horas en la calle, estando atenta a los dos únicos coches que entraban en nuestra zona de juego: el de mi padre y el de otro vecino. Soy de la época de la muñeca Nancy (las Barbies no habían llegado aún a España), de Pipi Calzaslargas y de las cajas de lata para meter los cromos y las mariquitinas. De esos primeros años de mi infancia recuerdo con mucha alegría la llegada a casa de la tele en color, con mucha pena la muerte del Payaso Fofó en 1976 y con indiferencia el fallecimiento de Franco en 1975. Pero de lo que no me olvido era de la “mala conciencia” que se instalaba en mí durante muchos días, cuando rompía un juramento o una promesa hecha a algún amigo o a alguien de la familia (probablemente, por el concepto de pecado de aquella sociedad); sólo tenía “salvación”, si mientras estaba llevando a cabo ese compromiso, cruzaba los dedos con las manos en la espalda para que la otra persona implicada no se diera cuenta. Ese simple gesto te libraba de la pesada carga de tener que realizar todo lo dicho.

 

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Durante toda la campaña electoral de las Elecciones Generales de 2011 escuché y leí muchas promesas de Mariano Rajoy y de innumerables miembros del Partido Popular, local y nacional, que no se han cumplido, pero de ninguno de ellos percibí que cruzara los dedos. Y no sé si lo hicieron cuando en su Programa dijeron literalmente (entre otras incontables cosas):

–          “Vota por el empleo”, era uno de sus lemas y el año 2012 terminó con un 3% de desempleados más que en el 2011. En estos momentos, hay un aumento de un 3.7%.

–          “Reduciremos la temporalidad de los trabajos y daremos expectativas de estabilidad” y el paro ha bajado en este mes de mayo, a costa de una mayor temporalidad (tan sólo el 7.5% de los nuevos contratos fueron indefinidos). Hasta el Fondo Monetario Internacional (organización nada sospechosa de ser afín al PSOE), les ha dado un toque de atención por este dato.

–          “Sanidad y educación para todos son nuestra prioridad” y hay recortes y más recortes, copago farmaceútico, retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares, disminución de becas, subidas de tasas universitarias, enorme bajada en la contratación de profesorado, etc, etc.

–          “Política de vivienda para el crecimiento y la cohesión” y critican duramente el premio concedido a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) por el Parlamento Europeo, por la enorme labor social que hacen en nuestro país.

–          “Impulsaremos la labor de la iniciativa social en la atención de los más desfavorecidos, articulando políticas contra la exclusión social y la pobreza” y la tasa de pobreza en nuestro país se sitúa ya en el 21.8%, una de las más elevadas de la Unión Europea, con el alarmante aumento de la desnutrición infantil.

–          “Necesitamos que el sistema educativo cuente con las familias y confíe en sus decisiones” y, con la entrada de la LOMCE, el Consejo Escolar, órgano de máxima participación de la Comunidad Educativa, dejará de tener poder para decidir, será sólo consultivo.

–          “No subiremos los impuestos”, decían e insistía Mariano Rajoy en su debate de investidura, pero subió el IVA, el IRPF, el IBI y hasta un total de 30 aumentos en este tiempo de gobierno. ¡Y lo que nos queda!

–          “El PP está comprometido con el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones”, pero, además de haberse reducido la cuantía de algunas de ellas este último año, en el informe que el gobierno ha encargado a un Consejo de Expertos recomiendan que, en malas épocas económicas, las pensiones sigan perdiendo dicho poder adquisitivo.  Y tengo la impresión de que a estos expertos le van a hacer mucho caso, ya que ocho de los doce miembros están vinculados a diferentes aseguradoras privadas.

Me quedo con la duda de saber si Mariano Rajoy y otros muchos miembros del PP cruzaron los dedos cuando prometieron éstas y otras innumerables cosas más, pero espero que al menos tengan algo de mala conciencia, como me ocurría cuando era pequeña. Sófocles decía que “una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”. Ya lo veremos.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro /  10 de junio de 2013

Espíritu de Equipo

Ser padre, no sólo es una fuente prácticamente inagotable de responsabilidades y de satisfacciones, sino, también, una sucesión constante de oportunidades de reflexionar sobre uno mismo y sus circunstancias (como diría Ortega y Gasset) viéndose reflejado en las situaciones que viven nuestros hijos y en las actitudes que exteriorizan.

Este sábado, el equipo de fútbol en el que juega mi hijo tenía un importante partido en el que se decidía la liga de prebenjamines, así que allí estábamos un nutrido grupo de padres y madres dispuestos a animar y apoyar a nuestros vástagos. Que, por otra parte, estaban bastante excitados por lo trascendental del choque (como diría la crónica del AS), y que estaban volviendo locos a los entrenadores de ambos conjuntos. Mas allá de maravillarme la paciencia, digna de Job, que exhibieron ambos técnicos ante el enjambre de niños de 7 años que les pedían jugar y además hacerlo todos como delanteros goleadores, me gustó mucho las lecciones que les trasmitieron haciéndoles ver que por encima de las individualidades estaba el esfuerzo colectivo, poniendo en valor el trabajo de cada posición, animándoles a que se apoyaran unos a otros, a que defendieran y atacaran en conjunto, a que respetaran al rival.

En definitiva, me gustó que antepusieran los valores del compañerismo y el juego limpio a la simple competitividad, al deseo de ganar, que estimularan el espíritu de sacrificio, el espíritu de equipo.

Llámenme romántico, queridos lectores, pero para quienes fuimos “fabricados” a principios de los 70 y vivimos la eclosión de los valores individualistas en los 80 y 90 esto tiene su importancia.

Les pongo un ejemplo, Mundial de México 86, eliminatoria entre Inglaterra y Argentina, tras un centro Maradona salta y de forma clamorosa mete un gol con la mano, ganaron el partido y después él mismo declaró que en todo caso fue “la mano de Dios”. En ese momento y, hoy por hoy, esa acción fue objeto de más elogios que repulsa, ¿Por qué? porque conectó con los valores de la época, es cierto que se saltó las normas, pero consiguió su objetivo, ganó, venció, se impuso a los demás y además supo venderlo con una frase ingeniosa, es decir, utilizó un marketing perfecto.

 

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Trasladado al ámbito de la economía, esto mismo es lo que hacían los grandes iconos de la época, los “yuppies”, especulaban, estaban por encima de cualquier norma o regulación, pero ganaban asombrosas sumas de dinero, y tenían un marketing impecable, conducían cochazos, vivían en mansiones, vestían trajes caros y participaban en todas las fiestas. En el transcurso de una generación, y animados por una política neoliberal cuyo máximo exponente es Reagan, a los jóvenes se les arrebataron referentes como Che Guevara o Mahatma Ghandi para ser sustituidos por el Gordon Gekko de la película Wall Street que defendía aquello de que “la codicia, a falta de una palabra mejor, es algo bueno” .

Quien necesita una ética cuando se puede lucir una estética. Tal vez, la forma más brutal en que se ha descrito esta adoración por lo superficial sea la novela de Bret Easton Ellis, “American Pysho”, en la que, más allá de su tema principal, todos los personajes que aparecen jamás son descritos de forma personal sino únicamente por la marca de su ropa, y de sus coches, los restaurantes a los que van, la marca del agua de beben, e incluso la textura de las tarjetas de presentación que utilizan.

Casi 30 años después, la realidad de la crisis financiera internacional que se desató en 2008, nos ha hecho ver con claridad que el dinero con el que especulaban y pagaban sus fiestas es el que proviene de nuestras pensiones, seguros médicos y puestos de trabajo destruidos, con lo cual “han dejado de caernos tan simpáticos”.

Sin embargo, lo paradójico de todo esto, es que a pesar de que sabemos que los cimientos de la crisis actual se pusieron en aquella época por la desregulación de los mercados, la pérdida de derechos laborales, el debilitamiento de los sindicatos y el desmantelamiento de las redes de protección social, todo ello aderezado por la ambición desmedida de los que controlaban la economía, hoy, sobre todo, en Europa la derecha sigue defendiendo que estos son los pilares sobre los que tenemos que plantear la salida de la crisis.

Sólo así se entiende que en un momento de recesión económica lo que se haga sea una reforma laboral que pone el despido a precio de saldo, con la consecuencia de que desde que se aprobó se han destruido una media de 2600 empleos diarios.

Esto recuerda a los médicos del siglo XIX que a pesar de que el enfermo estuviera en las últimas seguían recetando sangrías como único método de curación, con la consecuencia evidente de que el enfermo terminaba muriéndose. Pero entonces, como ahora no faltará quien defienda que la terapia era la adecuada pero que el enfermo no puso lo suficiente de su parte.

Frente a esta situación no caben sólo las denuncias o acciones puntuales, sino que es necesario contraponer un modelo alternativo que hunda sus raíces en un sentido ético de la sociedad que se fundamente en la libertad y en la igualdad como elementos irrenunciables.

A los economistas y políticos que veneran el neoliberalismo y que de forma constante citan a Adam Smith como fundamento de autoridad para defender sus teorías habría que recordarles que este defendía que “ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si la mayoría de sus miembros son pobres y desdichados”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 3 de junio de 2013

Retroceso

No sé si a ustedes les ocurre, pero, aunque soy una mujer de muy buen ánimo, la alergia primaveral me lleva a vivir, durante unos días, en un constante aturdimiento, con unos ojos lacrimosos, cuyos párpados superiores necesitan encontrarse constantemente con los inferiores. Peleaba con esta apatía delante del ordenador, cuando mi vecina (hacía ya dos semanas que no hablaba con ella) llega a mi casa y me comenta que, al poner la televisión, se ha llevado una tremenda impresión: en TVE2 ve una escena en la que Franco está entregando al tenista Santana, la copa del trofeo de Wimblendon, ganado en el año 1966. “Creía, por un segundo, que habíamos retrocedido en el tiempo”, me dice, siendo ya muy consciente de que se trataba de la reposición del “NO-DO” (tremendo noticiero oficial de propaganda de la dictadura franquista, que teníamos que ver obligatoriamente en el cine hasta el año 1975). Yo le contesto que, aunque aclarada su sorpresa, hay actualmente motivos de sobra para preocuparse por el retroceso de la sociedad española, ya que, al igual que el objetivo del NO-DO era producir en la ciudadanía esa especie de letargo que me provoca la alergia, en este momento, el Partido Popular pretende introducir, con la fuerza de su mayoría absoluta en el parlamento, un modelo ideológico conservador, muy alejado de la realidad social de nuestro país. Y lo explico a continuación.

 

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El PP nos hace volver atrás en el tiempo en hechos tan evidentes e innegables como la durísima reforma laboral, la destrucción gradual de la Ley de Dependencia, la pérdida de la universalización en la sanidad pública, la disminución de las ayudas a los desempleados, etc, etc, que nos están haciendo retroceder a una España de hace 40 años. Pero hay otras medidas, que se están llevando a cabo de una forma algo más velada y que me recuerdan a una época de mi país a la que, bajo ningún concepto deberíamos volver.

DERECHOS DE LAS MUJERES: eliminación del Programa Educa3 para la etapa de 0-3 años, que tenía el objetivo de dar respuesta a la necesidad de conciliar la vida familiar, personal y laboral; una reforma laboral que dificulta las negociaciones entre empresario y trabajador para conseguir dicha conciliación; la supresión de la cotización a la seguridad social de los cuidadores (en su mayoría mujeres) de familiares dependientes; recortes en programas de prevención y atención de la violencia machista (por desgracia, tan de actualidad) y el ya cansino debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que, según las encuestas, no suponía ningún cuestionamiento para la mayor parte de la población y que el gobierno pretende modificar para contentar al sector más ultraconservador de su electorado.

LIBERTAD DE INFORMACIÓN EN LA TELEVISIÓN PÚBLICA. Desde hace ya más de un año han sido varias las declaraciones realizadas por diferentes profesionales de RTVE, denunciando las injerencias del PP en la independencia de las noticias. Hasta el Consejo de Europa, en un informe sobre los medios de comunicación del año 2012, ha destacado la preocupación sobre la presión política de algunos países (entre ellos, España) en la independencia y la libertad de los medios públicos.

EDUCACIÓN. Entre otras cosas (que ya detallaré en mi próximo artículo), la introducción de la Religión como asignatura de oferta obligatoria para los centros y con carácter evaluable (por cierto, medida rechazada por un 70% de la ciudadanía); las referencias constantes del sentimiento “patrio” y la españolidad, por parte de los dirigentes del PP (léanse algunas declaraciones de Mª Dolores de Cospedal o del propio ministro Wert) cuando se habla de la LOMCE, o el apoyo con financiación pública a las escuelas separadas por sexos, me recuerdan a un modelo educativo que, por mi profesión, he estudiado muy bien y al que, les aseguro, no me apetece nada volver.

 

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Y otros “pequeños detalles” como rechazar la declaración del 18 de julio, día de la condena de la dictadura; emitir en el telediario de TVE1 un reportaje sobre la forma en la que deben vestir nuestras hijas para no provocar a los demás; la marcha masiva de españoles a otros países en busca de un futuro laboral (la mal llamada “movilidad exterior” de Fátima Báñez) o considerar a través del BOE a la asociación de ultraderecha “HazteOír” (totalmente antiabortista y en contra de los matrimonios homosexuales, por “romper la familia”) de interés público, son los que están haciendo que en mi país revivan imágenes que pensaba que ya sólo servían para series de televisión.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 27 de mayo de 2013

INTELIGENCIA COLECTIVA

Estos días, por diferentes motivos, he estado profundizando en la trayectoria vital y política de Willy Brandt que fue presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde 1964 a 1987, Alcalde de Berlín y Canciller de la entonces llamada República Federal de Alemania.

Y no deja de sorprenderme como la historia, en un movimiento pendular perpetuo, traza ciertos paralelismos entre diversos momentos históricos y en las actitudes de sus protagonistas. En la década de 1960, en plena guerra fría, Alemania vivía un auténtico “momento de cambio”. Los estudiantes y los trabajadores exigían en la calle la superación del conservadurismo dominante y la profundización en reformas democráticas y sociales.

Sabiendo leer perfectamente esos nuevos “signos de los tiempos” y sintiéndose, como político progresista, profundamente comprometido con ellos, en su primer discurso ante el Bundestag como canciller terminó haciendo una auténtica declaración de intenciones que se hizo inmediatamente famosa “DEBEMOS ATREVERNOS CON MÁS DEMOCRACIA”.

Ante las mismas manifestaciones ciudadanas, su antecesor en el cargo del CDU, el partido que hoy dirige Angela Merkel, había dicho “son una multitud vergonzosa, de pelo largo, abandonados, que necesitan un baño, y alguien para disciplinarlos”. ¿Les suena?, si vivera hoy y fuera un dirigente de la derecha española hubiera dicho simplemente “son todos unos perroflautas”.

Hoy en toda Europa, y muy especialmente en España, se reclama también un cambio que exige una mayor profundización democrática. Algunos lo hacen activamente, otros muchos exigen ese cambio mostrando una clara desafección por la política. En uno u otro caso la respuesta sólo puede ser una, más democracia.

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Es cierto, que fueron decisiones políticas, fundamentalmente tomadas en EE.UU. y Gran Bretaña, las que en la década de los 80 dejaron la economía en manos de tecnócratas que no respondían ante ninguna instancia democrática y que plantaron la semilla que nos ha traído hasta la crisis actual. Pero no es menos cierto, que en esa misma época, en España a partir de 1982, se tomaban decisiones políticas que nos hacían avanzar hacia una Sanidad pública y universal, hacia una Educación gratuita y para todos/as y consolidaban y extendían nuestro sistema de pensiones. Y hacia el futuro tendrán que ser también decisiones políticas las que pongan el sistema financiero y económico al servicio de los ciudadanos.

Eso si, tiene que ser una política distinta que supere lo simplemente institucional para avanzar hacia una política abierta. Una política que, sobre todo, integre en la toma de decisiones la iniciativa de los ciudadanos, generando una auténtica inteligencia colectiva que se nutra del conocimiento directo de sus circunstancias y problemas así como de su capacidad para generar propuestas y conseguir soluciones dialogadas y consensuadas.

Una política que abandone la máxima de que el ciudadano vota, delega y se olvida, y la sustituya por la idea de que los ciudadanos votan, tienen derecho a ser informados y a participar en las decisiones que les afectan.

En un mundo en el que la información se transmite al instante de producirse, todos aspiramos y tenemos derecho a ejercer nuestra ciudadanía en tiempo real.

Todo esto requiere profundos cambios en nuestro sistema democrático que sin dejar de ser representativo debe avanzar para ser mas participativo. Cambios que afectarán a las instituciones parlamentarias, al Congreso que debe avanzar para que las mayorías absolutas no puedan bloquear la iniciativa parlamentaria o las posibilidades de investigación de temas de interés general, y para que sea mucho más fácil que las iniciativas populares lleguen a ser debatidas. Al Senado que debe transformarse en una verdadera cámara de debate y coordinación territorial.

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Cambios en nuestro régimen electoral para dotarlo de una mejor proporcionalidad, cambios en los partidos políticos, que tienen que dar el primer ejemplo de transparencia, participación, cauces de colaboración ciudadana y garantías de exigencia ética.

Estos cambios, y otros necesarios, exigirán reformas legislativas y en algunos casos de la propia Constitución de 1978, ante esto, ya se levantan voces que consideran inamovible lo establecido entonces, pero para esto también tiene lecciones la historia, Thomas Payne recordaba ya en el siglo XVIII, que “El hombre no tiene derecho de propiedad sobre el hombre, y tampoco tiene ninguna generación derecho de propiedad sobre las generaciones que la sucederán”.

Estos cambios tienen que producirse, además, en todos los niveles. No sólo en el nacional también en el autonómico y local. Los melillenses tenemos derecho a aspirar a una ciudad gobernada dando participación a los ciudadanos. Por qué no podemos tener unos presupuestos participativos que de una forma racional permitan establecer prioridades de gasto a los vecinos de un determinado barrio o distrito. Por qué no podemos conseguir que iniciativas ciudadanas sean debatidas en la Asamblea. Por qué no es posible que los ciudadanos, con una adecuada reglamentación, puedan hacer preguntas directamente al gobierno local. O que sea normal pedir opinión a organizaciones sociales cuando se vayan a adoptar normas que nos afecten a todos. ¿Simplemente porque nunca se ha hecho así?, ¿porque no se confía en la capacidad de los ciudadanos?.

Para esto también tenía una visión clara Willy Brandt, “El futuro no puede estar dominado por aquellos que están atrapados en el pasado”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 20 de mayo 2013