Archive | December 2012

FIN Y COMIENZO

Decía Baudelaire que el hombre es un animal perdido en el valle de los símbolos. Y, efectivamente, nuestra capacidad simbólica es lo que nos hace plenamente humanos.

Nos permite dar nombre a lo que nos rodea, organizarnos y adaptarnos a la realidad siempre cambiante en la que vivimos, comunicarnos y transmitir nuestros conocimientos y sentimientos a los demás, poco importa si lo hacemos a través de pinturas rupestres o de los emoticonos de un teléfono móvil, cambia la tecnología pero se mantiene el sentido profundo de la acción.

Y es también lo que nos permite dar significado a los distintos momentos de la vida, porque si hay algo que fluye de forma constante y necesitamos ordenar e intentar medir y, hasta cierto punto, controlar es el tiempo. Todo es tiempo y nunca parece que tengamos suficiente.

 

tiempo

 

De ahí también, la importancia de dar un sentido y revestir con rituales especiales la fecha en que termina un año y empieza otro. Mas que nunca sentimos la necesidad de estar con las personas a las que queremos, vestirnos de una forma especial, cenar juntos, celebrar una fiesta y estar unidos en ese momento en el que se cierra un ciclo que ha estado lleno de sus alegrías y sus penas y se abre otro al que queremos mirar con esperanza. Y nada da más fuerza para encarar los retos del futuro, que sentir que se forma parte de una familia, de un grupo, que no estás solo, sino que a tu lado hay personas con las que las alegrías se multiplicarán y los problemas y las penas se dividirán y se harán más llevaderos.

Ese sentido de pertenencia es el que teníamos todos con nuestras respectivas pandillas de amigos cuando se acercaban, hace ya unos 20 años, estas fechas. Durante semanas nos convertíamos en investigadores para ver que fiesta de fin de año tenía pinta de ser la mejor. “A mi me han dicho que este año va romper la pana la que van a hacer en el antiguo Saladero”, decía uno, “pues a mi me han dicho que en la del Rainbow ya han vendido casi todas las entradas”, apostillaba otro. Al final lo importante, como siempre, es que hubiera “Barra Libre”. Madre mía, la “barra libre”, a mitad de la noche te tenías que haber peleado con medio local para tomarte un “cubata”. Cuando llegabas con tu copa y la de tu chica, te sentías igual que el troglodita que llegaba a la caverna después de haber cazado la comida del día.

Pero fuera como fuera la fiesta, al final de la noche con los ojos algo vidriosos y la corbata desanudada, allí estábamos todos y todas, sentados en el murillo del paseo marítimo para ver amanecer, y en ese momento mágico, sabías que no podías estar con una gente mejor y que nada, ni nadie, podría con nosotros.

¡Ay, el tiempo!, vivimos tan inmersos en el día a día que, muchas veces no somos conscientes de los cambios que se dan a nuestro alrededor. Estas fechas que son terreno abonado para recapitular, para mirar con perspectiva, se me ha hecho muy presente un pensamiento que reflejó de forma magistral Stefan Zweig, “obedeciendo a una ley irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes movimientos que determinan su época”.

Y lo he recordado de la forma más tonta, viendo, como también es habitual en estas fechas, películas de hace unos años, en concreto “John Q”. Se acuerdan ¿verdad?, la historia de un padre que secuestra el hospital en el que se hijo espera una operación de trasplante que necesita para poder salvar su vida, y que el sistema sanitario le niega porque su seguro médico no paga lo suficiente para que ese tratamiento esté cubierto. Quién no se sintió identificado con el símbolo de ese padre que hace lo que haga falta para salvar a su hijo por culpa de un sistema injusto y que prima el beneficio económico sobre la vida del paciente.

Huelga sanidad

 

Y es curioso, porque hace ¡10 años! que se estrenó esa película, y entonces lo que todos comentábamos era lo mal que estaban los americanos y que eso en Europa y, más concretamente, en España no podía ocurrir porque aquí todas las personas tenemos derecho a la atención sanitaria que es un servicio público y no depende del aseguramiento privado.

¿Diríamos hoy lo mismo?, después de ver a los profesionales sanitarios manifestándose en Madrid contra la privatización de la sanidad, lo dudo. Hoy tendríamos que preguntarnos como llegaron los estadounidenses a esa situación, ¿fue algo que se encontraron de golpe?, o ¿mas bien fue el resultado de un proceso largo en el que fueron retirando presupuesto  del sistema público de salud, quitando servicios, haciendo pagar por medicamentos, dando paulatinamente la gestión de los hospitales y los centros de salud al sector privado?. Esta música nos suena hoy a todos, y resulta inquietante, ¿no es cierto?, pero es lo que tiene la perspectiva del tiempo que cuando uno se asoma a ella puede dar cierto vértigo.

Pero frente a ese vértigo, la perspectiva del tiempo también ofrece una cura, ya que si algo nos enseña la historia es que podemos cambiar las cosas, el espíritu humano no está hecho para la resignación sino para la transformación, para la búsqueda constante de alternativas que nos hagan mejorar.

Hoy a punto de terminar el año me pregunto como Keynes, no sé lo que hace más conservador a un hombre, si conocer sólo el presente o sólo el pasado, en cualquier caso yo como progresista prefiero mirar hacia el futuro. Feliz 2013.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro el 31 de diciembre de 2012

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Compañero del alma, compañero

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Hoy me atrevo a tomar prestado este verso de uno de mis poetas favoritos, Miguel Hernández, escrito para expresar el dolor por la muerte de un amigo, para intentar transmitir la inmensa sensación de pérdida que hemos tenido todos aquellos que tuvimos el privilegio de gozar de la amistad de Ángel Turrión.

Esta semana no podía escribir de otro tema. Se lo debemos a él por ser un hombre excepcional. Y que conste que no lo digo como dirigente socialista, sino como persona. Ángel Turrión, nuestro Turri, era un emblema en el PSOE de Melilla, pero por su forma de ser, por su enorme corazón, por su compromiso en tantos y tantos ámbitos de la ciudad, por su defensa de los más débiles, por su forma de ser entregada y generosa, era una persona querida en toda la ciudad.

Por eso estoy seguro que alguien como Miguel Hernández, que demostró como nadie el valor del compromiso por los demás, no sólo entendería sino que, con toda seguridad, aplaudiría que se utilicen sus versos para rendir homenaje a una persona ejemplar.

Turri era un melillense que, como otros a lo largo de nuestra historia, no nació en Melilla. Llegó aquí cuando destinaron a su padre, militar, a nuestra ciudad, siendo él muy joven, y aquí decidió quedarse, construir su hogar, hacerla su Tierra y dedicarle para siempre sus esfuerzos en el ámbito de la cultura, de los movimientos juveniles, de la educación, de la acción sindical y también en la política que en él se expresaba como esa actividad noble al servicio de los ciudadanos, como esa actividad que transforma la realidad según los valores de Libertad, Igualdad, Solidaridad y Justicia que siempre fueron sus ideales.

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Para Turri sólo había una manera de afrontar las cosas, dando un paso al frente. De esta forma  fue Vicepresidente del Consejo de la Juventud desde su fundación en 1999 hasta 2002, pero ya antes había participado en el Consejo de la Juventud puesto en marcha por la socialista Neus Casas.

Y así también fue Socio de Summa Artis y Amlega, asociación de la que actualmente era Vicepresidente, y de la que recibió el Premio Arco Iris este mismo año por su defensa de los derechos y la libertad sexual del colectivo LGTB.

Y como sus inquietudes no le permitían decir no, desde hace 6 años fue secretario de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Melilla (Feampa) y Presidente del AMPA del centro educativo Anselmo Pardo y miembro del Foro de la Educación.

Rockero y amante de la música como pocos, formó parte de diferentes bandas de la ciudad. Por eso desde el PSOE cuando creamos hace dos años, el certamen de Pop-Rock para que grupos locales pudiesen darse a conocer en nuestra Caseta durante la feria, no hubo ninguna duda sobre qué nombre ponerle a este certamen. Le pusimos Turri, en su honor, pero también como reconocimiento de su participación y apoyo a los grupos musicales locales.

Socialista de una pieza,  formó parte de la Ejecutiva del partido como Secretario de Cultura desde 2004 a 2012, pero por encima de que tuviese un cargo o no, fue un trabajador nato. Cuando de trabajo se trataba, Turri siempre era el primero en llegar y el último en irse. Trabajador incansable, a él siempre le caracterizó la humildad. Lo de Turri era el trabajo callado y entre bambalinas, pero trabajo de verdad, del indispensable.

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Hizo de su trabajo como organizador sindical de UGT, su vocación, estando siempre en la primera línea de la defensa de los derechos de los trabajadores. Algo que le sirvió para que se le conociese en toda la ciudad, por su enorme corazón y su forma de ser generosa y entregada, y que todo aquel que le conocía le quisiese y le apreciase. Por eso, el mejor homenaje que he escuchado estos trágicos días fue el de una persona que en su entierro  dijo, estoy aquí porque, yo sólo lo conocía de una vez que tuve un grave problema con mi empresa, y se desvivió hasta que lo solucionó.  El homenaje de un trabajador a un auténtico compañero.

Su look roquero, con su eterno tupé, sus botas o sus grandes y brillantes zapatos y su inseparable cigarro negro le hacían inconfundible, pero su buen humor, su optimismo, su energía, y su actitud siempre inalcanzable al desaliento es lo que le hacían inigualable.

Esta ciudad le debe mucho. Como buen socialista  fue un ejemplo de valentía y de defensa de los valores democráticos. Lo demostró tanto en la denuncia de los símbolos franquistas como en el conflicto del convenio del Centro de Menores del  Baluarte, y, a pesar de las presiones, nunca dobló la rodilla, convirtiéndose en referente de sus compañeros y de todos los progresistas de la ciudad y es que Turri siempre fue un ejemplo de dignidad.

Decir adiós a un amigo, a un ser querido, siempre es difícil, pero lo es mucho más cuando hablamos de un hombre bueno, de un hombre íntegro, de un hombre valiente. Y es que lo peor no es que perdamos a un compañero y a un amigo, lo peor es que Melilla pierde a una buena persona, a alguien irrepetible.

He empezado tomando prestado un verso, y acabo, sin que me importe, con el plagio descarado de una canción que, mas de una vez, compartimos con otros compañeros y compañeras. Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia. Seguiremos adelante, como junto a ti seguimos. Hasta siempre, Turri.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 17 de diciembre 2012

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VOLUNTARIO

El 5 de diciembre se celebró el día internacional del voluntariado, que fue instaurado por la ONU en 1985, para poner en valor la labor de todas aquellas personas que de forma altruista contribuyen a la mejora de su entorno y que se comprometen, por tanto, en la construcción de un mundo mejor.

Como cada año, distintas organizaciones e instituciones han realizado actos y publicado manifiestos que pretenden sensibilizar al conjunto de la sociedad de la importancia que tiene asumir un compromiso voluntario por el bienestar de los demás, especialmente por quienes más lo necesitan.

Personalmente, este es un día que me invita siempre a la reflexión y que me hace profundizar en una frase del monje y escritor argentino Mamerto Menapace, que hace ya años en su obra “La Sal de la Tierra” escribió “No tenemos en nuestras manos la solución a todos los problemas del mundo, pero ante los problemas del mundo tenemos nuestras manos”.

 

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Este es un pensamiento que he tenido presente en todos aquellos momentos de mi vida en que he asumido un compromiso social porque creo que resume de forma magistral la esencia del voluntariado.

En primer lugar, porque para comprometerse es necesario dirigir la mirada fuera de uno mismo y posarla en lo que nos rodea con espíritu crítico, de esta manera podemos tomar conciencia de la existencia de desigualdades, de las necesidades y falta de oportunidades a la que se ven condenadas muchas personas por un injusto reparto de la riqueza, por el despilfarro de los recursos o la dominación de estereotipos y prejuicios.

De esta toma de conciencia surge una pregunta, ¿Qué puedo hacer?, y en ese momento es necesario superar una primera dificultad, una primera tentación, la de considerar que es tal la magnitud de lo que hay que hacer que, en realidad, lo que uno puede aportar es tan poco que no merece la pena hacer nada, que no se van a cambiar las cosas. Sin embargo, es todo lo contrario, por una parte porque el mundo lo conformamos las personas, la suma de quienes lo habitamos y por eso cuando alguien cambia y asume un compromiso, cuando se es capaz de pasar del “yo” al “nosotros”, en realidad,  ya se está alterando el valor de esa suma y, por tanto, con ese simple gesto se está cambiando el mundo, haciéndolo avanzar a mejor.

Y, por otra parte, porque de esa toma de conciencia surge también la necesidad de encontrarse con otras personas que comparten las mismas inquietudes y la misma vocación por actuar, surge la necesidad de asociarse, de organizarse para unir esfuerzos, para atacar con eficacia los problemas, para ser capaces de articular propuestas y hacerlas llegar a los distintos ámbitos de la toma de decisiones públicas. Se genera así todo un caudal de ideas y de proyectos que se convierte en una fuerza esencial para la transformación social.

 

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Desde mi experiencia personal, la acción del voluntariado tiene una doble vertiente, la de la atención y apoyo directo, que requiere sobre todo de la capacidad de empatía, de cambiar de punto de vista y saber ponerse en el lugar del otro en cuya promoción quieres comprometerte, y una vertiente transformadora, que requiere una visión a largo plazo y una acción fundamentalmente reivindicativa.

Desde esta perspectiva, los cientos de miles de personas que desarrollan un trabajo voluntario, y las miles de organizaciones y asociaciones que conforman el tercer sector, pueden superar la atomización que supone trabajar cada una en un ámbito específico e integrarse así en una auténtica sociedad civil organizada que constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que cimentar la calidad democrática.

Desde los poderes públicos, sin embargo, a menudo se teme esta segunda vertiente reivindicativa de la acción voluntaria y, como consecuencia, se tiende a neutralizarla. Desde esta concepción del poder se pretende, en el mejor de los casos, convertir al tercer sector en una especie de gran empresa de servicios que se dedique exclusivamente a cubrir aquellas necesidades a las que no llega el sector público y, en el peor de ellos, a convertirlo en una red clientelar para el control social.

Frente a esto, debemos recordar que nuestra Constitución, cuya conmemoración celebramos también hace unos días, establece la obligación de que esos poderes públicos promuevan las condiciones para que la libertad y la igualdad sean reales y efectivas y la obligación de facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

Por tanto, favorecer la existencia de un tercer sector fuerte, autónomo y reivindicativo es fortalecer nuestra democracia. Y construir una sociedad civil organizada fuerte y reivindicativa no significa, necesariamente, renunciar a las ayudas públicas, sino mas bien exigir que esas ayudas públicas se repartan de forma transparente y sobre la base de criterios objetivos. Y construir una sociedad civil fuerte y reivindicativa implica sobre todo exigir que existan canales de participación que permitan una auténtica toma en consideración de las exigencias sociales. Significa nutrir lo institucional con la savia nueva que nace del compromiso social.

Para terminar una última reflexión, nuestra vida es tiempo, por tanto, quienes dedican ese tiempo a trabajar por los demás, a construir una sociedad más justa, libre e igualitaria, están compartiendo con los demás, parafraseando a Bogart en el Halcón Maltés, “el material con el que está hecha la vida”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 10 diciembre de 2012

Los abuelos

Salía ayer corriendo de casa (como habitualmente) cuando casi choco con mi vecina en el portal. “¿Dónde vas con tanta prisa?” –me dijo-, “tengo una reunión dentro de quince minutos” –le contesté-, “he dejado a los niños con los abuelos hasta que yo termine, esta tarde va para largo”. Camino del coche pensé en la inestimable ayuda que he tenido siempre por parte de mis padres; ellos han trabajado mucho, muchísimo, para que mis hermanos y yo (somos cuatro) hayamos podido ser en la vida lo que hemos querido. Mi madre creció en la época en la que los varones tenían total prioridad para estudiar y buscar un desarrollo profesional y ella, habiendo sido y siendo una mujer muy feliz con su vida familiar, siempre ha puesto su máximo empeño en que todos fuéramos a la Universidad, pero especialmente mi hermana y yo, para que nosotras realizáramos lo que ella, por muchas circunstancias, no pudo hacer.          Mi hija mayor tiene 13 años (ya la conocen, aquella con la que discutía en un artículo anterior, por ser la “madre más estricta de todas sus amigas”) y, desde su nacimiento, he podido hacer todo lo que hago gracias a las dos abuelas y a los dos abuelos, porque tengo la suerte de contar con unos suegros tan importantes para mí como mis propios padres. Ellos, los cuatro, que ya han criado a sus hijos y ahora les toca descansar de “trajines y follones”, están siempre disponibles y dispuestos a responder afirmativamente a las esperadas preguntas: ¿os podéis quedar mañana con los niños?, ¿podéis recogerlos esta tarde de las actividades?, etc…

 

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Soy una persona muy agradecida y, por tanto, muy consciente de todo lo bueno que tengo a mi alrededor (que es mucho), pero también tengo mucha empatía y siento de una forma muy profunda el sufrimiento ajeno. Por este motivo, no puedo evitar ponerme en el lugar de esos abuelos que, con motivo de la dura situación que está viviendo nuestro país, han vuelto a ser el sostén económico de muchas familias. Actualmente hay casi dos millones de hogares españoles en los que ninguno de sus miembros está empleado y, en muchos de ellos, la pensión de jubilación de los mayores es lo que está ayudando a la supervivencia de hijos y nietos, disimulando la pobreza real de dichas familias. No era esto lo que esperaban los abuelos, no es el orden natural de la vida y tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para impedir esta situación, para volver a sentir que “ser mayores” es una etapa de descanso, de relajación, pero también de nuevos e ilusionantes proyectos de vida.

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Leí un interesante artículo en un periódico digital sobre este tema y su autor, Alfonso González, declaraba que, si a pesar de los casi seis millones de desempleados, no se ha producido en nuestro país un profundo estallido social, ha sido por los denominados “estabilizadores automáticos” (prestaciones por desempleo y subsidios, educación y sanidad públicas) y por las redes de solidaridad familiar, especialmente las ayudas económicas aportadas por los jubilados a sus familias. Ahora bien, con las duras e injustas políticas económicas y sociales que está aplicando este gobierno, estos estabilizadores se están derrumbando y, además, nos levantamos ayer con la noticia (que algunos teníamos muy claro que se anunciaría en cuanto culminaran los procesos electorales pendientes) de que no se revalorizarían las pensiones, por lo que 8.1 millones de pensionistas de España perderán poder adquisitivo. Las dos noticias las leí el mismo día y, ante mi tristeza, lo primero que se me ocurrió es ir corriendo a las  casas de los abuelos a darles innumerables besos y decirles lo que a veces, por las prisas y el agobio diario (yo soy especialista en esto), se nos olvida: que los quiero y que les agradezco enormemente todo el esfuerzo que han hecho y hacen por nosotros y que siempre recuerdo una frase que leí hace algunos años, que se quedó en mi memoria: “los abuelos y las abuelas son unos maravillosos padres con un montón de práctica a sus espaldas”. HOY ME TOMO LA LIBERTAD DE DEDICARLES A TODOS ELLOS ESTE ARTÍCULO.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 3 de diciembre de 2012