Archive | January 2013

La “épica” de los “medianos”

Los que, como yo, somos fans de los libros de Tolkien desde hace muchos años –algunos amigos dirían directamente “friki”-, tenemos que agradecerle a Peter Jackson que haya sido capaz de traducir al lenguaje de las imágenes el Universo creado por el autor británico.

Es verdad que tanto en la saga cinematográfica de “El Señor de los Anillos” como en la que recientemente ha comenzado de “El hobbit” se introducen cambios respecto a los libros que los excesivamente puristas critican por no seguir fielmente a los originales. Pero, por encima de esas cuestiones, la esencia de la historia permanece, y poder ver en la gran pantalla el mundo y los personajes de la Tierra Media que hasta este momento sólo habíamos podido recrear en nuestra imaginación de adolescentes, es una experiencia inolvidable.

Mi deuda personal con el director neozelandés se extiende además al hecho de que al ver en el cine “El hobbit”, he podido disfrutar viendo a mi hijo maravillarse con la historia y presentarse ante él un mundo nuevo que le está llevando a descubrir el placer de la lectura de los libros de Tolkien y de otros, lo que nos abre tanto a él como a mí un nuevo espacio para compartir historias y reflexiones.

Curiosamente, a mí una de las cosas que más me gustan de sus libros, es que en un mundo plagado de magos, elfos y grandes guerreros, los verdaderos protagonistas son, sin embargo, unos seres que no están dotados de extraordinarios poderes y fuerza sobrehumana, sino que sus principales características son el sentido común y el gusto por una vida apacible.

 

The-Hobbit

 

Pero, cuando el mundo que conocen se ve en peligro por fuerzas oscuras que hasta entonces desconocían o se consideraban incontrolables, son estos personajes los “hobbits” o “medianos”, como también se les conoce, los que encuentran las fuerzas suficientes para hacer frente a la crisis y para convertirse en la pieza clave que cambie el curso de una historia que parece condenada al fracaso y al cambio definitivo de su sociedad y de su forma de vida.

Esta “épica de los medianos”, por encima de la de los grandes héroes, que transforma la historia siempre me recuerda a las preguntas que un obrero se hace ante un libro, en el genial poema de Bertold Brecht, “la noche que se terminó la Muralla China ¿adónde fueron los albañiles?, Roma la Grande está llena de arcos del triunfo ¿Quién los levantó?, César venció a los galos ¿no llevaba consigo ni siquiera un cocinero?, un gran hombre cada diez años ¿Quién pagaba sus gastos?”.

Es esta “intrahistoria”, la historia que no aparece en las páginas oficiales la verdadera corriente que genera los cambios sociales, la que nos puede hacer avanzar.

A pesar de la crisis que estamos sufriendo, cada año son más los multimillonarios españoles que se suman a la lista que elabora la revista Forbes sobre “los más ricos del mundo”. Mirada sin perspectiva, esta circunstancia puede generar la ilusión de que nuestro país cada vez es más rico y que, por tanto, todos vivimos mejor. Sin embargo, esa no es la clave de la cuestión, lo que determina la calidad de vida es cómo se distribuye esa riqueza en el marco de la sociedad.

Y desde esta perspectiva, los elementos esenciales son la posibilidad de acceso al empleo, la garantía de los derechos laborales y salariales, la protección social en materia de desempleo, jubilación y sanidad, el acceso a la educación en pie de igualdad sea cual sea la capacidad de renta familiar, y un sistema fiscal progresivo que reparta de forma justa la recaudación de los recursos que necesita el Estado.

Sin embargo, desde el planteamiento neoliberal se entiende que esta crisis es la excusa perfecta para acabar con este modelo social y económico que ha constituido la base sobre la que hemos construido una sociedad que nos permitía vivir con la expectativa de unos salarios dignos, la cobertura de las necesidades básicas de todos, la protección ante los riesgos a los que todos podemos vernos expuestos y mirar con cierto optimismo el futuro de nuestros hijos. Y frente a ello, surge ante nosotros un nuevo modelo que acrecienta las desigualdades y polariza la sociedad entre un reducido grupo que cada vez se siente más privilegiado y una gran masa social que ve como paso a paso va perdiendo todo aquello que definía su forma de vida y que hasta ahora parecía intocable.

Esta situación, sin duda, genera grandes dosis de incertidumbre que a su vez se plasman en el ámbito social de diferentes maneras. En la desafección ante cualquier forma de compromiso colectivo, en planteamientos antisistema, y también y esto me parece lo más peligroso, en el resurgimiento de populismos oportunistas que atizando los miedos y prejuicios, y desde análisis simplistas ofrecen soluciones infalibles a problemas realmente complejos. Esto que creíamos ya superado, vuelve a aparecer como un fantasma en el renacimiento que la extrema derecha está experimentando en el conjunto de Europa.

 

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Frente a esto creo que debemos reivindicar la “épica de la persona sencilla”, la que sabe que los problemas que todos padecemos sólo pueden resolverse comprometiéndose en un proyecto colectivo, porque los problemas de todos sólo podemos resolverlos entre todos. Esta es la épica que veo en quienes se manifiestan por la educación y la sanidad pública, en quienes hacen propuestas para acabar con el drama de los desahucios, en quienes van a la huelga para defender los derechos laborales y, definitiva, en quienes quieren una reforma profunda para garantizar los derechos democráticos que tanto costó conseguir.

Esta es, sin duda, una postura de valores y principios pero también la única postura realista, porque cada vez más hasta los organismos internacionales que lo negaban, están ya defendiendo que con la política de recortes sin medidas expansivas no sólo no salimos de la crisis sino que nos hundimos en el abismo. Parafraseando otro poema de B. Brecht de esta salimos “o todos o ninguno. Uno sólo no puede salvarse”.

Gregorio Escobar
Publicado en El FAro / 28 de enero 2013

Rueda de prensa de Gloria Rojas

Rueda de prensa de Gloria Rojas

http://www.elvigiatv.es/gloria-rojas-los-recortes-educativos-en-melilla/

La Vicesecretaria General del PSOE de Melilla, Gloria Rojas, habla del Comité Federal y de la gestión de Educación en la ciudad

Al Hilo de la Política

Este fin de semana he participado en el Comité Federal de mi partido, el PSOE, que se ha celebrado en Madrid y que constituye el órgano máximo de nuestra organización entre Congresos. Ha sido una jornada intensa que comenzamos sobre las 9:30 de la mañana y terminamos alrededor de las siete de la tarde, plena de intervenciones que han generado un debate y unas conclusiones francamente enriquecedoras e interesantes.

Pero como algunas ya las conocerán a través de la prensa de estos días y, como por otra parte, todos los ciudadanos van a ser testigos preferenciales y, fundamentalmente, protagonistas del proceso de definición del proyecto político progresista que se ha abierto en este Comité, mi intención es utilizar esta columna, para compartir con ustedes, queridos lectores, algunas reflexiones y, sobre todo, sensaciones que tuve a lo largo del día y que tienen que ver más, con lo que se conoce menos, con la cara humana de la política.

Este sábado nos hemos encontrado en esta jornada de trabajo y toma de decisiones decenas de compañeros y compañeras. Entre ellos, por supuesto, algunos que ocupan cargos institucionales y que, en estos momentos, se dedican de forma exclusiva a la tarea política, porque así lo exige el adecuado desarrollo del ámbito de gestión o representación que han asumido. Pero, al mismo tiempo, otros muchos que o bien no ocupan ningún cargo o que, como es mi caso, desarrollamos labores orgánicas dentro del partido o institucionales que no comportan ninguna remuneración, y que, por tanto, compatibilizamos nuestro trabajo o profesión con nuestro compromiso político. Y también, todo hay que decirlo, compañeros y compañeras que se encuentran en desempleo.

 

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Frente a la imagen estereotipada de una casta política privilegiada y encastillada en su torre de marfil, este sábado me llenaba la sensación de encontrarme con otras personas preocupadas por la angustia de quien se enfrenta a un desahucio, de quien no encuentra empleo o teme perderlo. Personas interpeladas por el pensionista que se te acerca y te cuenta que se ha convertido en el único sustento de sus hijos y nietos, y que al tener que pagar sus medicamentos no llega a fin de mes. Recuerdo de forma vivida el testimonio de un compañero que padeciendo una enfermedad crónica comparte sus medicinas con una persona inmigrante que padece la misma enfermedad pero que no puede acceder a ellas.

Con todo esto, no pretendo trasladar una imagen dulzona o romántica de la política. Tenemos que ser conscientes de que es necesario cambiar y reformar muchas cosas. En primer lugar, es necesario que la propia política recupere su protagonismo y su fortaleza frente a otros organismos, sobre todo económicos, que hoy toman decisiones sobre nuestras vidas y nuestro futuro sin que jamás se hayan sometido al control democrático de los ciudadanos.

Y, por supuesto, hay que profundizar y reforzar las medidas de transparencia y control en la gestión de lo público y en el régimen de incompatibilidades que rige sobre quienes llevan a cabo esa gestión para erradicar cualquier atisbo de enriquecimiento a costa del dinero público o para evitar la imagen de exgestores públicos contratados por empresas que han asumido los servicios públicos privatizados por ellos.

Pero lo que si pretendo es evitar que los árboles nos impidan ver el bosque. El del esfuerzo y el compromiso de tantas y tantas personas, de ciudadanos que libremente y por vocación, de forma más pública o más anónima, se implican en la vida política para intentar mejorar las cosas.

Cuando entré en política muchos familiares, amigos y conocidos me preguntaban por qué quería dedicarme a ella. Nunca se trataba de una pregunta hecha en tono neutro o aséptico, sino más bien realizada desde la postura de quienes tienen una visión claramente negativa de esta actividad.

Y que conste que no eran  preguntas hechas con mala intención, o con “segundas”, al contrario, se puede apreciar una honda preocupación por el hecho de que alguien a quién reconocen principios y valores comunes, compartidos, puede dedicar su tiempo, o más bien habría que decir “desperdiciar” su tiempo, en algo que les parece, a priori, tan falto de ellos.

Y no resulta fácil explicar, con el estado de opinión actual, que vives tu experiencia política desde la perspectiva de que te levantas cada mañana con el compromiso de que tus iniciativas, tus propuestas, acciones o decisiones puedan mejorar en algo la calidad de vida de las personas que te han dado su confianza para que estés ahí.

Que cada día renuevas, como muchas otras personas, el compromiso de construir una sociedad mejor, más justa, más igualitaria, más libre y con mayor bienestar para todos.

El recelo contra la política no es algo nuevo, casi es tan antiguo como la formación de la propia sociedad. A principios de los 60 el politólogo inglés Bernard Crick escribió un fantástico libro, que de forma muy descriptiva ya tituló “En Defensa de la Política” y en el que advertía que en todo el mundo y a lo largo de la historia siempre ha habido personas que pretenden hacerse con el poder absoluto alegando que vienen a salvarnos de la política y de los políticos.

Frente a esto, y para terminar, no olvidemos nunca, como defendía el propio Crick, que la política está constituida por “las acciones públicas de las personas libres”. Y que “la política, al igual que Anteo en el mito griego, tiene el don de permanecer joven, fuerte y dinámica siempre y cuando mantenga los pies bien plantados en el suelo de su madre, la Tierra”.

 

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 14 de enero de 2013

LO MEJOR Y LO PEOR

Hoy lunes, 7 de enero, me he levantado muy temprano, la primera de mi casa y, al echar un vistazo observo los restos de las fiestas navideñas esparcidos por mi salón: cajas de juguetes amontonadas en una esquina, paquetes de pilas abiertos, el árbol aún adornando la habitación, la mesa abierta por la larga comida y sobremesa familiar del día anterior y el silencio que anuncia que es un día festivo y que la mayor parte de la ciudad aún está dormida. Dentro de mí, una habitual mezcla de desasosiego y alegría; lo primero es, sobre todo, por la familia que ya vuelve a sus ciudades de residencia en la península y lo segundo, lo positivo, porque retomo la tan denostada rutina diaria, la que nos permite desear con tantas ganas que lleguen estos y otros días de asueto. Llaman a la puerta y sé que es mi vecina, puesto que todos los años, el día después de los Reyes Magos, muy temprano, tenemos la estupenda rutina de tomar las dos un café muy caliente con los restos del roscón y hablar sobre cómo han transcurrido estos agitados días de la Navidad.

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“Dime lo mejor de tus fiestas” – me dice delante de una humeante taza-. Yo le contesto que, en el terreno personal, ha sido la familia, las reuniones con los amigos, las caras de mis hijos el día de Reyes y, por supuesto, el pavo guisado de mi madre. Aunque en estos complicadísimos momentos que está atravesando nuestra ciudad y nuestro país es difícil encontrar noticias en positivo, yo me quedo con algunas cosas: el reparto de la Lotería Nacional, que ha entregado un trozo de justicia social en algunos barrios desfavorecidos; la respuesta ciudadana al desmantelamiento del estado del bienestar por parte del Gobierno del Partido Popular, destacando en estos días las huelgas y los actos de protesta de los profesionales de la sanidad madrileña y, como leí en una noticia la semana pasada, el aumento de la solidaridad entre vecinos en tiempos de crisis. La solidaridad, a lo largo de la historia, ha conseguido sobrevivir a las más duras catástrofes y los mayores desastres y eso, gracias a muchos hombres y mujeres, es lo que está ocurriendo en nuestro país. El año 2013 ha sido designado oficialmente “El Año Europeo de los Ciudadanos”, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht. Uno de los objetivos de esta propuesta es elaborar un Informe para crear nuevas iniciativas que eliminen los obstáculos que todavía impiden a los europeos disfrutar plenamente de sus derechos como ciudadanos. Y no me extraña, puesto que, ante el duro ataque que los españoles estamos sufriendo en dichos derechos, una parte importante de la solución está en la gente, con nuestro voto, nuestras protestas, nuestros actos, nuestra implicación en la sociedad. Ayer leí que el mundo no puede ser de los realistas, porque ellos no intentarán cambiar nada; ha de ser de los idealistas, porque son los que están convencidos de poder transformar el mundo. No puedo estar más de acuerdo.

“¿Y lo peor de estos días?”-me dijo mi vecina-. Le contesté que, en el terreno personal, no ha habido nada negativo. Como os he dicho en alguna ocasión, soy una persona tremendamente agradecida y con lo que tengo estoy muy, muy satisfecha. De los hechos nacionales y locales no puedo decir lo mismo. En una ciudad como Melilla donde, entre otras cosas, hay una altísima tasa de paro, un elevado índice de pobreza, un aumento de las desigualdades sociales y económicas; una paralización, con la llegada del Partido Popular, de grandes obras que supondrían una mejora de la calidad de vida de los melillenses, parece que todo es perfecto (“si los problemas no se ven y no se cuentan, no existen”), que somos unos privilegiados y sabemos sobradamente que eso no es cierto. Sobre el ámbito nacional tampoco tendría fin, pero me quedo con varias cosas que, probablemente, iré ampliando en forma de varios artículos: el tremendo aumento del desempleo en este 2012; los dramáticos desahucios; las nulas perspectivas de recuperación económica; el incumplimiento de todas las promesas electorales que se contaron para sólo para ganar elecciones; el abandono de la sanidad y la educación pública; el ataque a la cultura y la investigación; que los ricos de nuestro país sean un 20% más ricos y que los pobres sean más y un 20% más pobres;  el injusto aumento de las tasas judiciales, que la reforma del código penal se ocupe de criminalizar actividades de protesta social que hasta ahora no eran delitos o a los que ayuden de forma altruista a inmigrantes irregulares; que suban los precios de todo hasta niveles inalcanzables para los sueldos actuales y que la clase media, el motor de nuestro país, siga disminuyendo y sufriendo una gran devaluación de su calidad de vida.

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Podría decir infinidad de cosas más que no me han gustado, ni en estos días, ni en este año que acabamos de despedir, pero por terminar el desayuno con mi vecina con una sensación agradable, le comento que lo mejor de las fiestas ha sido la pregunta de mi hijo pequeño: “mami, si los Reyes son magos, ¿por qué me decís que ellos también están en crisis?”. Les aseguro que no supe qué contestar.

 

Gloria Rojas
Publicado en El Faro el 7 de enero de 2013