Archive | February 2013

Yo sí creo en los políticos

Muchos ciudadanos hemos recibido a lo largo de la semana, a través de las distintas redes sociales, mensajes como este: “El gobierno y la oposición no han perdido poder, ni dinero, ni viajar en primera clase, ni derechos. Son corruptos, no les importamos. Cuando pierdan las elecciones llevarán los bolsillos llenos y los que vengan sabrán que pueden hacer lo que quieran con un pueblo sumiso, cansado y pobre.”

A quienquiera que lance estas soflamas, le pregunto qué persigue con ellas; qué espera entonces de un Estado en el que los políticos no tienen cabida; qué modo de gobierno escogería para la sociedad actual.

Es cierto que en la encuesta que el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) de enero de 2013, los españoles sitúan los partidos y a los políticos como el tercer motivo de preocupación después del paro y los problemas de índole económico, y este hecho, como no podía ser de otro modo, debe preocuparnos y obligarnos a reflexionar, pero no podemos dejarnos llevar por discursos populistas y encendidos que quizá, no tienen tan buenas intenciones como quieren hacernos creer.

No debemos olvidar que los políticos no forman parte de castas, son ciudadanos y salen de la sociedad que entre todos hemos creado y compartimos, son elegidos por nosotros y se erigen en portavoces del pueblo, porque esa es la manera en la que la ciudadanía puede gobernar en democracia. Por lo tanto, les debemos exigir toda la responsabilidad y honestidad para desempeñar su trabajo, pero no podemos obviar nuestro compromiso como ciudadanos a la hora de elegirlos o destituirlos cuando llega el momento.

Me niego a caer en afirmaciones simplistas que tildan a todos los políticos de corruptos, tampoco me gusta oír que son “un mal necesario”. Hablo como ciudadana que ha iniciado una nueva etapa en su vida dentro de la actividad política, cuando afirmo que conozco a otros “ciudadanos- políticos” honrados que creen en la función social de la política, que dedican tiempo, del que a veces no disponen, para trabajar por la sociedad, porque piensan que en momentos tan difíciles como los que vivimos, es cuando más nos debemos implicar. Por todo esto, afirmo rotundamente que yo sí creo en los políticos, ahora bien, debemos exigirles las actuaciones necesarias para conseguir devolver la credibilidad que un grupo de corruptos, con la connivencia de muchos, han destruido. Y, muchos, ello estamos.

Mariví Menchacatorre
Publicado en www.digitalmelilla.es / 25 de febrero de 2013

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LA CRISIS EN FEMENINO

Quien visite el cementerio de Highgate, en el norte de Londres, podrá encontrar junto a la de numerosos artistas, escritores y políticos de la era victoriana, la tumba de Karl Marx, y en ella, gravada eternamente en piedra la frase, “Trabajadores del mundo, Uníos”, lema que a lo largo de la historia ha representado al movimiento obrero internacional.

Sin embargo, para encontrar el origen de esta frase hay que remontarse algo en el tiempo y situarse, concretamente, en la obra de la pensadora feminista francesa de origen peruano Flora Tristán. Esta escritora, adscrita al socialismo utópico, defendía ya en 1843 en su obra “la Unión Obrera” la necesidad de la unidad de los trabajadores como única forma de traer la prosperidad y la justicia. Y, al mismo tiempo, desde la denuncia de la situación de la mujer en la sociedad patriarcal establece una clara relación entre la situación de opresión de ésta y la del conjunto de los trabajadores y así afirma, “todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer”.

Y, en consecuencia, la emancipación de la mujer es una condición indispensable para la mejora general de la clase trabajadora y de la sociedad en su conjunto, y por ello, proclama “la ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción os oprime también a vosotros, varones proletarios (…). En nombre del bienestar universal de todos y de todas os comprometo a reclamar los derechos para la mujer”.

Por tanto, desde una concepción de justicia universal, el socialismo democrático, que en su reciente libro “La Socialdemocracia” Ludolfo Paramio caracteriza de una forma condensada como la búsqueda de la igualdad en un marco de libertad, ha tenido siempre como un eje fundamental de su acción la lucha por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Y, desde esta perspectiva, tampoco es de extrañar que tanto a nivel mundial como europeo y, muy concretamente, en nuestro país los avances llevados a cabo por Gobiernos Socialdemócratas en el desarrollo del Estado del Bienestar han permitido dar pasos decisivos en el reconocimiento y ejercicio efectivo de esa igualdad entre hombres y mujeres en el acceso al empleo, en la lucha contra el acoso sexual o por razón de sexo, en la lucha contra la desigualdad salarial, en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos o en la conciliación de la vida laboral y familiar entre otros.

Por eso, cuando desde la derecha de este país se utiliza la crisis económica como excusa para desmantelar el Estado del Bienestar se está desmontando al mismo tiempo la arquitectura legal y social que ha permitido crecer en el ámbito de la igualdad.

Cada golpe que se da al Estado del Bienestar es un golpe contra las conquistas sociales de las mujeres.

La reforma laboral que ha permitido que en un momento de recesión económica los despidos salgan “a precio de saldo”, unido a la eliminación de servicios públicos esenciales, donde trabajan muchas mujeres, tanto en la Administración como en las entidades prestadoras está directamente relacionada con el crecimiento espectacular del desempleo femenino, más de 130.000 empleos perdidos según la EPA del 4º trimestre del año pasado.

Una reforma laboral que además dificulta la conciliación de la vida laboral y familiar, que expulsa a los sectores más vulnerables del empleo, entre ellos a las mujeres, y que al debilitar la negociación colectiva y el poder de interlocución de los sindicatos hace prácticamente inviable el desarrollo de planes de igualdad en muchas empresas de este país, que constituyen una herramienta esencial para luchar contra las discriminaciones en el ámbito laboral.

A esta lista de recortes hay que unir el ataque contra el sistema nacional de dependencia que había permitido que miles de mujeres que, tradicionalmente, venían desarrollando su labor como cuidadoras de personas dependientes pudieran acceder a una remuneración y a su reconocimiento ante la seguridad social y que hoy ven como las ayudas mensuales se reducen un 15% y como salen de la seguridad social, sólo en Melilla, casi 300 mujeres han perdido este derecho que les garantizaba por ejemplo una pensión en el futuro.

 

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De igual forma, cuando el gobierno actual prácticamente elimina los programas de prevención y sensibilización en materia de violencia contra las mujeres por considerarlos simple propaganda y reduce los servicios para las víctimas de esta violencia, abona el camino para que de forma alarmante se aprecie una disminución en el número de mujeres que denuncia estas situaciones. No se reducen los malos tratos sino la capacidad de las mujeres para romper ese círculo de violencia machista.

Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba defiende en el Debate sobre el Estado de la Nación, frente al silencio de Rajoy, la necesidad de reformar la Constitución para reforzar entre otros el derecho a la igualdad efectiva entre hombres y mujeres está defendiendo la necesidad de establecer en nuestra norma suprema un dique de contención frente a todas estas políticas que llevan a las mujeres de este país a un retroceso de más de 30 años. De igual forma que los recursos de inconstitucionalidad contra la reforma laboral y la ley de tasas judiciales pretenden evitar que en España se consolide la desigualdad y la imposibilidad de defender nuestros derechos.

Con un gran esfuerzo las mujeres españolas han ido conquistando espacios en el empleo, en la empresa, en la política, en todos los ámbitos sociales y culturales y por eso, esta semana pasada en la que visitaba Melilla Purificación Causapié Secretaria Federal de Igualdad del PSOE, se denunciaba que no podemos permitir que se imponga el mensaje de una derecha que pretende que las mujeres renuncien a su autonomía y que tengan como única opción hacerse cargo del hogar. Frente a esto igualdad, más igualdad y ni un paso atrás.

Gregorio Escobar

Publicado en El Faro / 25 de febrero de 2013

EL SILENCIO

“No me gusta mucho el silencio”, le dije a mi vecina, delante de un humeante café de media tarde. Me ocurre desde que era pequeña y yo creo que ese es el motivo por el que hablar es una de mis grandes aficiones (los que me conocen lo saben muy bien); incluso cuando estoy trabajando con el ordenador necesito un suave ruido de fondo para concentrarme; suelo poner la radio o algún programa de televisión lo suficientemente poco interesante para que no atraiga demasiado mi atención. Mario Benedetti dijo que “no hay nada tan ensordecedor como el silencio”. Totalmente de acuerdo.

No creo que Mariano Rajoy coincida conmigo en este tema (ni en muchos otros, por supuesto), vista su demostrada afición por callar. Haciendo un repaso de todo lo publicado, desde el día que fue nombrado presidente, hace ya un año y dos meses, ha dado 17 ruedas de prensa y sólo cuatro en España; las restantes han sido en presencia de algún miembro del gobierno de otros países y con preguntas limitadas. Pero la mejor ha sido una de las últimas, en la que intentaba aclarar a la ciudadanía la supuesta trama de corrupción en la se ha visto envuelto su partido: en una sala sin prensa y retransmitiéndose a los periodistas a través de un monitor de televisión, por lo que era evidente la imposibilidad de hacer preguntas. “Aquí hay un presidente del gobierno que va a dar la cara y no se va a esconder”, dijo en la única entrevista que ha concedido a un medio desde que se hizo cargo del gobierno. Sin comentarios.

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Pero su afición por los silencios no es de estos últimos días, ya cuando anunció en diciembre de 2011 las personas que iban a componer su ejecutivo, no aceptó preguntas de los asistentes y tampoco ha comparecido para explicarnos los motivos de la ruptura de cada una de su promesas electorales. Nadie olvida su rápida escapada hacia el garaje del Senado para no responder a los periodistas sobre el inesperado recorte de diez mil millones de euros en Sanidad y Educación, después de haberlo anunciado a los medios en una discreta nota de prensa. ¡Vivir para ver!

Esta simpatía manifiesta por los mutismos ha llevado a que ocurra un hecho sin precedentes en la historia de la democracia española: una sesión a puerta cerrada del Congreso de los Diputados, en la que intervenía Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. Sin periodistas, sin taquígrafos, sin actas…

Yo lo que creo es que Mariano Rajoy es un gran seguidor del refranero español, “decir me pesó, callar no”, “en la duda, ten la lengua muda” dicen dos proverbios muy nuestros. Y a pesar de todo he de reconocer que, en algunas ocasiones, estoy de acuerdo con él; sirva como ejemplo la reciente comparecencia conjunta con Ángela Merkel, en la que, ante la necesidad de información sobre el denominado “Caso Bárcenas”, la respuesta a la prensa fue “todo es falso, menos algunas cosas“. Para eso, mejor no decir nada.

Aunque yo también soy una gran aficionada a la literatura española, en esta ocasión voy a citar unas palabras del escritor ruso Fiódor Dostoievski: “Nadie puede callarse cuando algo se siente”. Y eso es lo que está esperando la ciudadanía, que los que nos gobiernan, sientan ¡y mucho!.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 18 de febrero 2013

LA EUROPA QUE NECESITAMOS

Si jugando al Trivial en cualquier reunión de amigos nos plantearan: “pregunta para quesito rosa, “espectáculos”, ¿Con qué canción nos representó nuestra Rosa de España en el Festival de Eurovisión?”, todos los del equipo gritaríamos a coro: “Europe´s living a celebration”. Y, además, tendríamos que reconocer que la pregunta es fácil, porque no en vano la interpretación de Rosa fue el momento más visto en la historia de la televisión española desde que se llevan a cabo mediciones de audiencia.

Parece que fue ayer, ¿verdad?, ese es el poder, queridos lectores, de las imágenes que se gravan en nuestra retina. Pero, en realidad, hace ya 10 años que nos presentamos en ese festival al grito de que “Europa está viviendo una Fiesta”. Y, con toda seguridad, ese optimismo hacia lo europeo era el que sentíamos la gran mayoría de los españoles. Hoy, sin embargo, las encuestas de opinión reflejan el crecimiento de un euroescepticismo preocupante.

Cuando el 12 de junio de 1985, la televisión nos mostró la firma, en el palacio Real de Madrid, del Acta por la que nuestro país se incorporaba a la entonces Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea, todos éramos conscientes de vivir un hecho histórico, un momento único que significaba que España, por fin estaba dónde le correspondía estar, con el resto de democracias europeas. La consolidación de nuestro proceso democrático y una apuesta económica que en ese momento nos llevaba a la mejora de nuestras infraestructuras productivas y a la consolidación de un capital humano formado, preparado y, por tanto, competitivo nos permitía integrarnos en la construcción de ese gran ideal de una Europa unida, próspera y democrática.

 

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Sin embargo, con el tiempo, en el desarrollo de ese ideal ha primado más lo económico que lo político y lo social. La UE ha ido asumiendo de forma paulatina pero inexorable, la agenda neoliberal que se marcaba desde el otro lado del Atlántico, favoreciendo la liberalización absoluta de los mercados financieros, la desregulación de los mercados laborales y la privatización de los servicios públicos.

Y, al mismo tiempo, un marco europeo dominado por partidos conservadores ha dado lugar a que se avance muy poco en la democratización de las instituciones europeas, que hoy siguen muy condicionadas por las decisiones de los jefes de gobierno de los países más poderosos.

Toda esta situación se ha visto agravada, además, por la crisis económica y financiera mundial que en el seno de la unión ha tenido una respuesta dominada por los planteamientos conservadores impuestos por Alemania y que han centrado todos los esfuerzos en una austeridad que solo entiende de recortes sociales y pérdida de derechos. No es una casualidad que en la agenda de la UE, la necesidad de políticas que estimulen el crecimiento y el empleo sólo hayan empezado a considerarse tras la victoria de Hollande en Francia, y el consiguiente reforzamiento de las posturas socialdemócratas en el Consejo Europeo.

Hoy en muchos países, los ciudadanos sienten que de Europa sólo vienen reproches, recortes y “hombres de negro. Y, ante esta situación, no es de extrañar que se levanten voces oportunistas, que desde planteamientos extremistas y populistas, quieren aprovechar el clima de decepción de muchos ciudadanos para intentar acabar con ese sueño de unidad europea.

 

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Sin embargo, hacer caso a quienes defienden el camino de la desintegración sería un monumental error. Primero, porque las naciones europeas no tenemos recursos, ni capacidad suficientes para enfrentarnos por separado a los retos actuales de la globalización, y segundo, porque los valores de unidad, libertad, justicia e igualdad que alentaron el inicio del proceso de unión europea siguen intactos en la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos y son los únicos que nos garantizan la defensa del modelo social, de bienestar, paz y libertades que fuimos capaces de construir en Europa después de la II Guerra Mundial.

No debemos renunciar a esto y por tanto, necesitamos Europa, necesitamos más Europa, pero, sobre todo, necesitamos “otra” Europa, una Europa unida y con una sola voz, que avance hacia una verdadera ciudadanía europea y hacia una auténtica Unión Política, Económica y Social.

En el ámbito político es necesario reforzar el Parlamento Europeo, como órgano de máxima representación de los ciudadanos, otorgándole iniciativa legislativa, atribuyéndole la elección del Presidente de la Comisión Europea y estableciendo un cauce formal de relación con los Parlamentos Nacionales, en definitiva, permitiendo un acercamiento efectivo entre los ciudadanos y sus representantes a nivel europeo, entre los ciudadanos y la toma de decisiones, que en el fondo es la base de toda democracia.

En lo económico, es necesario culminar el gobierno económico del euro, avanzando en la unión bancaria, creando una verdadera unión fiscal, y fortaleciendo la unión monetaria con mecanismos de agrupación de riesgos que hagan menos vulnerables a sus miembros ante ataques externos. Debemos, por tanto, introducir los Eurobonos emitidos por una Agencia Europea de Deuda que termine convirtiéndose en un verdadero Tesoro Europeo a semejanza de la Reserva Federal de EE.UU.

 

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Y en lo social, junto a un pacto de estabilidad económica los europeos debemos dotarnos de un auténtico Pacto Social que se integre en los Tratados y que garantice unos estándares sociales mínimos en toda la Unión, un suelo social intocable en todos los presupuestos que asegure los servicios públicos básico, que garantice las pensiones, una renta mínima y un salario mínimo interprofesional adaptado al coste real de la vida en cada Estado miembro, en definitiva, que mantenga un Estado del Bienestar sostenible.

Todos nos acordamos del estribillo de la canción de Rosa en Eurovisión, lo que a lo mejor hemos olvidado es una estrofa que dice “no se oirán jamás las voces que no nos dejen dar el paso final. Si vive en nosotros la pasión y brilla una luz en tu interior”. Pues eso, lo dicho.

Gregorio Escobar

Publicado en El Faro / 11 de febrero 2013

MARCA ESPAÑA

“Ay, madre mía, ¡cómo está España! ¿Qué estará pensando de todos nosotros el resto del mundo?”, me dijo mi vecina muy alterada en el rellano de la escalera. Yo, que prefiero darle argumentos que le suban el ánimo, en esta ocasión no encuentro ninguno en positivo y entro en mi casa verdaderamente preocupada por eso que hemos denominado la “Marca España” y que ahora parece que está en las horas más bajas de toda la historia de nuestra democracia. Es evidente que los dos presuntos casos de corrupción que todos conocemos, el denominado “Caso Urdangarín” y especialmente, el “Caso Bárcenas”, han provocado que la imagen del país esté siendo muy negativa para muchísimos ciudadanos de Europa y del resto del mundo, como lo demuestran las portadas de los periódicos internacionales de estos últimos días; no obstante, aunque estos dos temas agravan esta situación, no son los únicas causas de la idea del empeoramiento de nuestra sociedad que estamos transmitiendo al exterior.

 

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No se me olvidan las palabras que pronunció en abril del año pasado, el embajador estadounidense y secretario general adjunto a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico): “Nadie quiere ser como España, sólo vale para el flamenco y el vino tinto”; en ese momento, recordé la tan frecuente situación en la que, cuando viajamos al extranjero y nos montamos en un taxi, el conductor, al reconocer nuestro idioma, nos ameniza el trayecto con un “olé” o “me gustan los toros y la paella” (y siempre intentando dar a su lengua materna un acento andaluz, sin importarle lo más mínimo si el cliente es de Sevilla, Valladolid o Pamplona). ¡Madre mía!

En el mes de junio de 2012 se publicó en BOE la creación del Alto Comisionado para la Marca España y, por mi natural curioso, me remito a su página web y leo que se centra, según consta, en “destacar las fortalezas y atractivos de España como nación”. Y aquí es cuando termino de entender totalmente los motivos de nuestra debilidad como imagen. La información de esta web está dividida en ocho apartados y les pongo tres como ejemplo:

– “España al Día”: en la que se cuentan noticias diarias de la actualidad (¿se imaginan lo que piensa de nosotros un ciudadano extranjero de un país avanzado, cuando accede a esta página y lee lo que está ocurriendo en nuestro país en estos momentos y desde hace ya bastantes meses?).

– “Economía y Empresa”: se relatan las fortalezas en este campo (¿se imaginan lo que piensan si aquí se informa de que nos han impuesto una reforma laboral que retrocede más de 30 años en derechos de los trabajadores, que no hay crecimiento económico, que el desempleo es de casi 6 millones de personas, etc, etc?).

– “Educación, Sociedad y Cultura”: aquí nos hablan de nuestra lengua, arte, literatura, patrimonio y gastronomía (¿se imaginan lo que piensan al saber que este gobierno ha subido un 21% el IVA cultural, ha reducido más de un 30% la inversión en educación o la inversión en I+D+I, ha disminuido las becas económicas, ha subido las tasas universitarias, ha hecho que retrocedamos muchos puestos muchos puestos en el ranking mundial en igualdad de género, favorece económicamente a escuelas que separan por sexos, etc, etc?).

 

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¡Bonita forma de vender la Marca España!. Tirando de hemeroteca, empezamos a leer sobre esta idea en el año 1985, momento en el que Vicente Verdú, en un artículo para El País, escrito desde Estados Unidos, dice que nuestro país es un mundo para vender. ¡¡¡Claro que lo es, pero así no!!!. Podremos volver a vender cuando recuperemos y aumentemos la inversión en investigación y nuestros científicos puedan desarrollar totalmente su enorme potencial, cuando nadie tenga que salir por obligación de nuestro país para trabajar o cuando continuemos nuestro empezado (y ahora enormemente estancado) proceso de sociedad avanzada en igualdad de derechos y libertades, en el disfrute del estado de bienestar. Y sobre todo, cuando muchos de los que hacen alarde de patriotismo, dejen de depositar sus grandes fortunas en otros países para no pagar los impuestos en el nuestro. Así entiendo yo la Marca España, se lo aseguro.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro 4 de febrero de 2012