Archive | March 2013

Ser de izquierdas

Reconozco que, aunque los aviones me producen más inquietud de lo normal, una de mis grandes pasiones es viajar; creo que es una fantástica forma de ser y estar en el mundo la de conocer otros lugares y otras maneras de vivir y pensar. Carlo Goldoni, dramaturgo italiano del siglo XVIII, ya decía que “el que no sale nunca de su tierra, está lleno de prejuicios” y yo no puedo estar más de acuerdo. Y les cuento esto porque el sábado volví de un corto viaje a Madrid, para asistir a una reunión del PSOE y, cada vez que acudo a una de estas convocatorias vuelvo con mis valores más claros y afianzados, pero con mis ideas más agitadas por los intensos debates que allí se producen. “Vaya follón tenéis en el partido, a ver si lo arregláis ya”, me dijo mi vecina en el ascensor, cuando subía a casa después de llegar del aeropuerto. Y yo, que evidentemente soy muy consciente de que esa es la opinión de gran parte de la ciudadanía, llevo, por este motivo, un tiempo reflexionando sobre la comodidad de pertenecer a un partido de derechas, que es mucho mayor que ser de uno de izquierdas. Y explico esto a continuación.

 

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Ya les he comentado en alguna ocasión que decidí involucrarme de lleno en el PSOE en el que, según dicen, es el peor momento de su historia y lo hice porque considero que en estas circunstancias todos debemos trabajar con mucho más empeño y aportar lo que podamos para intentar mejorar la situación. Pero también porque, desde que era muy joven, coincido plenamente con los valores que este partido defiende y por los que lleva trabajando desde su fundación clandestina en 1879, ya con 134 años de historia. “Alcanzar una sociedad mejor, detectando los problemas y aportando soluciones, sobre la base de los principios de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social”, podemos leer en su página web oficial. Pero la defensa de estos apasionantes principios hace que los millones de personas que los seguimos en este país, exijamos con mucha contundencia que los que llevan (o llevamos, cada uno desde sus federaciones) el timón de las siglas PSOE den, con su comportamiento, un enorme ejemplo de coherencia con los valores que nos caracterizan; cosa que no ocurre con otros líderes políticos de ideología conservadora. Nuestro electorado es muy crítico con esto y se hace muy evidente en los resultados de las diferentes convocatorias electorales. Pero, aunque parezca una contradicción, es una de las cosas que hacen que me sienta muy orgullosa de participar de la vida del PSOE y de formar parte de esos votantes que mandan mensajes claros y contundentes de que hay cosas que se deben cambiar, porque nos estamos alejando de la ciudadanía. Y les puedo asegurar que estamos trabajando duramente para volver a recuperarla.

Es más fácil ser de derechas, porque parece que no entra en sus principios pedir disculpas por los errores cometidos y obviarlos (“si no se habla de un problema, no existe”, parece que es una de las máximas del Partido Popular). Alfredo Pérez Rubalcaba ha pedido perdón públicamente por no haber modificado la normativa sobre desahucios cuando gobernábamos y está haciendo todo lo posible, como principal partido de la oposición, por evitar esta dramática situación. Jose Luis Rodríguez Zapatero reconoció que no puso los medios suficientes para detener la burbuja inmobiliaria, pero todavía no he escuchado a Jose María Aznar ni a ningún dirigente del Partido Popular, pedir disculpas a la ciudadanía por proponer y aprobar las leyes que dieron lugar a dicha burbuja y que provocó, entre otras cosas, que muchos jóvenes de aquel momento dejaran sus estudios en busca del dinero fácil y que ahora se encuentran en una terrible situación de desempleo. Es más, lejos de la disculpa, el tono de los que ahora gobiernan el Partido Popular, es cada día más soberbio y si no, hagan un repaso a las últimas declaraciones del ministro Montoro, cuyo tono hiriente molesta sólo con escucharlo.

 

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Es más fácil ser de derechas, porque la mayor parte de los medios de comunicación de este país les son favorables y hagan lo que hagan, la difusión de sus actuaciones será siempre en positivo. No ocurre lo mismo con los medios más afines a los partidos de izquierda, que, en consonancia con el electorado, alaban lo que estos partidos merecen y critican con rotundidad los hechos que no concuerdan con las ideas y valores que defienden. Afortunadamente.

Aceptar las críticas constructivas y aprender de ellas para mejorar, debe ser una de las claves para los partidos políticos, pero también es cierto que estas críticas deben partir de quienes tengan autoridad demostrada por los hechos para hacerlas; no me parece aceptable que miembros del Partido Popular opinen que el PSOE debe hacer primarias para elegir un nuevo candidato para no continuar, según dicen, con este “desastre”, cuando ellos no han hecho jamás un proceso de primarias para designar un candidato, sino que aceptan a quien le imponen  desde las más altas esferas y además, cuando su líder, Mariano Rajoy, ostenta el título de ser el presidente del gobierno con más suspensos en tan sólo 15 meses de gobierno. O cuando se permiten el lujo de criticar duramente el “Caso Ponferrada” (con el que yo estoy profundamente disgustada), pero llevan pactando acuerdos con el grupo independiente IAP, liderado por Ismael Álvarez, en el ayuntamiento de Ponferrada desde la reincorporación de éste a la esfera política y, renunciaron a un pacto total, no por la sentencia de acoso sexual, sino, tal y como el PP de esta localidad manifestó, por no haber acuerdo con el grupo IAP en el “reparto de poder”.  Decía Willian Penn, unos de los influyentes ideológicos de la constitución norteamericana, que “tienen derecho a censurar los que tienen corazón para ayudar”. Ahí lo dejo.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 18 de marzo de 2013

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FUERZAS RENOVADAS, ENERGÍAS RENOVABLES

Hace unas semanas prácticamente toda la prensa se hacía eco del asteroide 2012DA14, que pasó a unos 28 mil kilómetros de la Tierra, por debajo de la línea que marcan los satélites que los propios seres humanos hemos puesto en órbita, lo que en términos cósmicos (que no cómicos) quiere decir que pasó “rozando” la Tierra.

De haber estado en ruta de colisión con nuestro planeta, esta roca del espacio con un diámetro aproximado de la mitad de un campo de fútbol habría explotado en la atmósfera con una potencia de 2,5 megatones, para que lo entendamos los que no somos de ciencias, como 157 veces la bomba atómica de Hiroshima. Esto significa que habría arrasado una parte del planeta, pero no hubiera supuesto la extinción de la especie ni la desaparición de nuestra civilización, cosa que nos trasmitieron sesudos científicos de diversos países, incluido el nuestro, en un intento, supongo, de trasladarnos tranquilidad y serenidad. Algo así como si nos dijeran “hombre, no se preocupen, a los dinosaurios les fue mucho peor, dónde va a parar”.

Con estos mimbres y teniendo en cuenta que uno es hijo de su época y que en temas “científicos” sigue teniendo como referencia el cine de catástrofes de los 80 y 90, no pude dejar de imaginarme a un tipo trajeado de la NASA reuniendo a las mejores mentes del mundo para llegar a la conclusión de que el planeta sólo pueden salvarlo unos simpáticos perforadores petrolíferos que en un par de semanas están preparados para montarse en sendas naves especiales, aterrizar en un asteroide para perforarlo y hacer estallar un bomba nuclear que al final es la que parte la roca y evita que choque con la Tierra.

Ahora bien, una vez pasada la euforia “noventera”, uno se pone a pensar un poco más seriamente y se pregunta “¿Quién financiaría la película Armaggedon?”, porque al final quienes nos salvan a todos resultan ser la industria petrolera y la industria nuclear, que no pasan por ser las más ecologistas, ni las más respetuosas con el medio ambiente que digamos.

Y puestos a pensar, hoy por hoy, y por mucho que diga el primo del Sr. Rajoy, nuestro mundo se enfrenta a un problema de supervivencia mucho más inmediato que el posible choque de un asteroide, el del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de actividades humanas, debido a la masiva utilización de combustibles fósiles con la consiguiente degradación medioambiental y de la calidad de vida de todos y todas.

A esto hay que unirle además, desde el mayor realismo económico, que según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda energética se incrementará en un 60% hasta 2030, y para ese incremento de la demanda las reservas de las fuentes de energía convencionales (petróleo, gas natural, carbón etc…) serán insuficientes.

 

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Por otro lado, la insuficiencia de las reservas de uranio, los prohibitivos  costes de implantación y producción, las cuestiones derivadas de la seguridad y la contaminación (que el accidente de Fukushima han puesto de total actualidad) y los problemas de tratamiento y almacenamiento de los residuos radioactivos que pueden estar activos durante miles de años suponen unas limitaciones insalvables para que pueda considerarse a la energía nuclear como la alternativa energética viable y, sobre todo, deseable, piense por un momento querido lector si le gustaría vivir en las inmediaciones de una central nuclear o de un almacén de residuos nucleares.

Por tanto, ante la evidencia de que el modelo energético actual es insostenible por su elevado nivel de consumo y sus emisiones contaminantes es necesario plantear un nuevo modelo energético orientado a garantizar el suministro de energía y la protección del medio ambiente.

Y ese nuevo modelo sólo puede estar basado en las energías renovables, en módulos solares, aerogeneradores, biocombustibles, etc.., que supondrán un nuevo sector industrial, un nuevo motor de desarrollo capaz de crear riqueza y trabajo, de forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

En España, esta apuesta clara por este tipo de energía limpia viene avalado, -además de por la necesidad de superar nuestra endémica situación de dependencia energética-, por el hecho de que nuestro país tiene uno de los sectores de energías renovables más desarrollados y más dinámicos del mundo. En estos últimos años, nos hemos convertido en una referencia a nivel mundial, en producción e innovación tecnológica. Se trata de un sector exportador que está sirviendo como modelo a seguir incluso para los EE.UU. de la Administración Obama.

Entre 2005 y 2010 las energías renovables han duplicado su importancia en nuestro país, han dado empleo a 175.000 personas, un 82% de ellas con contratos indefinidos, y tienen potencialidad, si se mantuviera una apuesta decidida, para crear cientos de miles de puestos de trabajo más, siendo uno de los sectores con mayor estabilidad y proyección de futuro tanto interna como hacia el exterior.

Por eso, cuando este fin de semana los socialistas hemos analizado un nuevo modelo económico y productivo para España que nos permita superar las crisis, crear empleo y mantener nuestro Estado de Bienestar, mantenemos nuestra convicción de que un nuevo modelo energético basado en establecer un régimen estable de apoyo a las energías renovables que incentive la innovación y permita su consolidación constituye un pilar fundamental para ello.

En conclusión, hacen falta fuerzas renovadas para dar el impulso definitivo a las energías renovables.

Gregorio Escobar
Pulicado en El Faro / 11 de marzo de 2013

TIEMPOS VERBALES: EL FUTURO

Ayer fui yo la que subí a casa de mi vecina; ando siempre tan liada en mis tareas que a veces se me olvida que los amigos, además de tenerlos, hay que cuidarlos. Cuando me abrieron la puerta, presencié una conversación que me resultaba muy, muy familiar: “Mami, te prometo que a partir de ahora recogeré siempre mi habitación y te prometo que no dejaré las cosas en medio y ya verás que no te enfadarás más conmigo”, decía su hijo pequeño con una voz exageradamente dulce. Acto seguido, el tono de mi vecina se pacificó y, confiando nuevamente en las promesas de su niño, le dio un beso de esos que las madres y los padres sabemos dar y, con un “espero que esta vez me estés diciendo la verdad”, lo dejó marchar a jugar al patio con sus amigos.

Esta escena tan común me hizo pensar en las ventajas que el tiempo verbal futuro tiene para el ser humano, ya que indica algo que primero se expresa y después, ocurre, por lo que nos deja un tiempo para reorganizar la acción. Para que me entiendan y, trasladándolo al terreno de la política, les cuento que en los últimos meses, tanto en el ámbito nacional como en el local, cuando escucho o leo las declaraciones de los que nos gobiernan, observo que usan con mucha frecuencia el futuro en sus manifestaciones (por ejemplo: construiremos nuevos centros educativos y viviendas, reduciremos el desempleo y la pobreza, daremos más ayudas a los emprendedores, promoveremos nuevas inversiones, intentaremos arreglar esto o aquello, firmaremos nuevos convenios, etc.).

Y con esas palabras suponen que contentan a la ciudadanía durante un tiempo, igual que el hijo de mi vecina hizo con ella después de asegurarle un cambio radical de actitud en el orden en casa. Mientras ese futuro se hace presente (si es que ocurre), nuestros gobernantes cambian el tiempo verbal y nos aseguran que están comenzando a trabajar en esos diferentes e interminables proyectos, planes, programas, estudios y muchas cosas más; así se dan el tiempo necesario para que se nos olviden algunos de estos anuncios de buenos propósitos.

Hay que ser muy cuidadosos con estas afirmaciones, porque, como dijo Albert Einstein “es mejor no pensar en el futuro, porque éste llega muy pronto” y esto último es totalmente cierto.

Promesas

 

Recuerdo perfectamente, durante la campaña electoral de las últimas elecciones generales, las promesas de progreso local que desde el Partido Popular de Melilla nos hacían si Mariano Rajoy gobernaba España: “nuestra ciudad será la niña mimada del presidente”, decían; pero ese futuro llegó y esos mimos se han convertido en más paro, más pobreza, más desigualdades, pérdidas de derechos adquiridos y consolidados, paralización de grandes e importantes obras que estaban en marcha, una reducción de más de un 40% de inversión respecto al año 2011, peores condiciones educativas y sanitarias, etc.

Mientras tanto, para que no recordemos mucho esas bonitas palabras, los que nos gobiernan, no dejan de enviarnos numerosos y animados mensajes sobre la gran mejora de los tiempos venideros. Pero a mí no me convencen, porque una vez leí que lo mejor para la humanidad era procurar que el presente que se construya se parezca lo máximo posible al futuro que se sueña. Y el presente de este país no me gusta, no me gusta nada.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 4 de marzo de 2013