Archive | May 2013

Retroceso

No sé si a ustedes les ocurre, pero, aunque soy una mujer de muy buen ánimo, la alergia primaveral me lleva a vivir, durante unos días, en un constante aturdimiento, con unos ojos lacrimosos, cuyos párpados superiores necesitan encontrarse constantemente con los inferiores. Peleaba con esta apatía delante del ordenador, cuando mi vecina (hacía ya dos semanas que no hablaba con ella) llega a mi casa y me comenta que, al poner la televisión, se ha llevado una tremenda impresión: en TVE2 ve una escena en la que Franco está entregando al tenista Santana, la copa del trofeo de Wimblendon, ganado en el año 1966. “Creía, por un segundo, que habíamos retrocedido en el tiempo”, me dice, siendo ya muy consciente de que se trataba de la reposición del “NO-DO” (tremendo noticiero oficial de propaganda de la dictadura franquista, que teníamos que ver obligatoriamente en el cine hasta el año 1975). Yo le contesto que, aunque aclarada su sorpresa, hay actualmente motivos de sobra para preocuparse por el retroceso de la sociedad española, ya que, al igual que el objetivo del NO-DO era producir en la ciudadanía esa especie de letargo que me provoca la alergia, en este momento, el Partido Popular pretende introducir, con la fuerza de su mayoría absoluta en el parlamento, un modelo ideológico conservador, muy alejado de la realidad social de nuestro país. Y lo explico a continuación.

 

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El PP nos hace volver atrás en el tiempo en hechos tan evidentes e innegables como la durísima reforma laboral, la destrucción gradual de la Ley de Dependencia, la pérdida de la universalización en la sanidad pública, la disminución de las ayudas a los desempleados, etc, etc, que nos están haciendo retroceder a una España de hace 40 años. Pero hay otras medidas, que se están llevando a cabo de una forma algo más velada y que me recuerdan a una época de mi país a la que, bajo ningún concepto deberíamos volver.

DERECHOS DE LAS MUJERES: eliminación del Programa Educa3 para la etapa de 0-3 años, que tenía el objetivo de dar respuesta a la necesidad de conciliar la vida familiar, personal y laboral; una reforma laboral que dificulta las negociaciones entre empresario y trabajador para conseguir dicha conciliación; la supresión de la cotización a la seguridad social de los cuidadores (en su mayoría mujeres) de familiares dependientes; recortes en programas de prevención y atención de la violencia machista (por desgracia, tan de actualidad) y el ya cansino debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que, según las encuestas, no suponía ningún cuestionamiento para la mayor parte de la población y que el gobierno pretende modificar para contentar al sector más ultraconservador de su electorado.

LIBERTAD DE INFORMACIÓN EN LA TELEVISIÓN PÚBLICA. Desde hace ya más de un año han sido varias las declaraciones realizadas por diferentes profesionales de RTVE, denunciando las injerencias del PP en la independencia de las noticias. Hasta el Consejo de Europa, en un informe sobre los medios de comunicación del año 2012, ha destacado la preocupación sobre la presión política de algunos países (entre ellos, España) en la independencia y la libertad de los medios públicos.

EDUCACIÓN. Entre otras cosas (que ya detallaré en mi próximo artículo), la introducción de la Religión como asignatura de oferta obligatoria para los centros y con carácter evaluable (por cierto, medida rechazada por un 70% de la ciudadanía); las referencias constantes del sentimiento “patrio” y la españolidad, por parte de los dirigentes del PP (léanse algunas declaraciones de Mª Dolores de Cospedal o del propio ministro Wert) cuando se habla de la LOMCE, o el apoyo con financiación pública a las escuelas separadas por sexos, me recuerdan a un modelo educativo que, por mi profesión, he estudiado muy bien y al que, les aseguro, no me apetece nada volver.

 

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Y otros “pequeños detalles” como rechazar la declaración del 18 de julio, día de la condena de la dictadura; emitir en el telediario de TVE1 un reportaje sobre la forma en la que deben vestir nuestras hijas para no provocar a los demás; la marcha masiva de españoles a otros países en busca de un futuro laboral (la mal llamada “movilidad exterior” de Fátima Báñez) o considerar a través del BOE a la asociación de ultraderecha “HazteOír” (totalmente antiabortista y en contra de los matrimonios homosexuales, por “romper la familia”) de interés público, son los que están haciendo que en mi país revivan imágenes que pensaba que ya sólo servían para series de televisión.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 27 de mayo de 2013

INTELIGENCIA COLECTIVA

Estos días, por diferentes motivos, he estado profundizando en la trayectoria vital y política de Willy Brandt que fue presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde 1964 a 1987, Alcalde de Berlín y Canciller de la entonces llamada República Federal de Alemania.

Y no deja de sorprenderme como la historia, en un movimiento pendular perpetuo, traza ciertos paralelismos entre diversos momentos históricos y en las actitudes de sus protagonistas. En la década de 1960, en plena guerra fría, Alemania vivía un auténtico “momento de cambio”. Los estudiantes y los trabajadores exigían en la calle la superación del conservadurismo dominante y la profundización en reformas democráticas y sociales.

Sabiendo leer perfectamente esos nuevos “signos de los tiempos” y sintiéndose, como político progresista, profundamente comprometido con ellos, en su primer discurso ante el Bundestag como canciller terminó haciendo una auténtica declaración de intenciones que se hizo inmediatamente famosa “DEBEMOS ATREVERNOS CON MÁS DEMOCRACIA”.

Ante las mismas manifestaciones ciudadanas, su antecesor en el cargo del CDU, el partido que hoy dirige Angela Merkel, había dicho “son una multitud vergonzosa, de pelo largo, abandonados, que necesitan un baño, y alguien para disciplinarlos”. ¿Les suena?, si vivera hoy y fuera un dirigente de la derecha española hubiera dicho simplemente “son todos unos perroflautas”.

Hoy en toda Europa, y muy especialmente en España, se reclama también un cambio que exige una mayor profundización democrática. Algunos lo hacen activamente, otros muchos exigen ese cambio mostrando una clara desafección por la política. En uno u otro caso la respuesta sólo puede ser una, más democracia.

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Es cierto, que fueron decisiones políticas, fundamentalmente tomadas en EE.UU. y Gran Bretaña, las que en la década de los 80 dejaron la economía en manos de tecnócratas que no respondían ante ninguna instancia democrática y que plantaron la semilla que nos ha traído hasta la crisis actual. Pero no es menos cierto, que en esa misma época, en España a partir de 1982, se tomaban decisiones políticas que nos hacían avanzar hacia una Sanidad pública y universal, hacia una Educación gratuita y para todos/as y consolidaban y extendían nuestro sistema de pensiones. Y hacia el futuro tendrán que ser también decisiones políticas las que pongan el sistema financiero y económico al servicio de los ciudadanos.

Eso si, tiene que ser una política distinta que supere lo simplemente institucional para avanzar hacia una política abierta. Una política que, sobre todo, integre en la toma de decisiones la iniciativa de los ciudadanos, generando una auténtica inteligencia colectiva que se nutra del conocimiento directo de sus circunstancias y problemas así como de su capacidad para generar propuestas y conseguir soluciones dialogadas y consensuadas.

Una política que abandone la máxima de que el ciudadano vota, delega y se olvida, y la sustituya por la idea de que los ciudadanos votan, tienen derecho a ser informados y a participar en las decisiones que les afectan.

En un mundo en el que la información se transmite al instante de producirse, todos aspiramos y tenemos derecho a ejercer nuestra ciudadanía en tiempo real.

Todo esto requiere profundos cambios en nuestro sistema democrático que sin dejar de ser representativo debe avanzar para ser mas participativo. Cambios que afectarán a las instituciones parlamentarias, al Congreso que debe avanzar para que las mayorías absolutas no puedan bloquear la iniciativa parlamentaria o las posibilidades de investigación de temas de interés general, y para que sea mucho más fácil que las iniciativas populares lleguen a ser debatidas. Al Senado que debe transformarse en una verdadera cámara de debate y coordinación territorial.

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Cambios en nuestro régimen electoral para dotarlo de una mejor proporcionalidad, cambios en los partidos políticos, que tienen que dar el primer ejemplo de transparencia, participación, cauces de colaboración ciudadana y garantías de exigencia ética.

Estos cambios, y otros necesarios, exigirán reformas legislativas y en algunos casos de la propia Constitución de 1978, ante esto, ya se levantan voces que consideran inamovible lo establecido entonces, pero para esto también tiene lecciones la historia, Thomas Payne recordaba ya en el siglo XVIII, que “El hombre no tiene derecho de propiedad sobre el hombre, y tampoco tiene ninguna generación derecho de propiedad sobre las generaciones que la sucederán”.

Estos cambios tienen que producirse, además, en todos los niveles. No sólo en el nacional también en el autonómico y local. Los melillenses tenemos derecho a aspirar a una ciudad gobernada dando participación a los ciudadanos. Por qué no podemos tener unos presupuestos participativos que de una forma racional permitan establecer prioridades de gasto a los vecinos de un determinado barrio o distrito. Por qué no podemos conseguir que iniciativas ciudadanas sean debatidas en la Asamblea. Por qué no es posible que los ciudadanos, con una adecuada reglamentación, puedan hacer preguntas directamente al gobierno local. O que sea normal pedir opinión a organizaciones sociales cuando se vayan a adoptar normas que nos afecten a todos. ¿Simplemente porque nunca se ha hecho así?, ¿porque no se confía en la capacidad de los ciudadanos?.

Para esto también tenía una visión clara Willy Brandt, “El futuro no puede estar dominado por aquellos que están atrapados en el pasado”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 20 de mayo 2013

FALSOS DILEMAS

Mis alumnos de la Facultad saben que solemos comenzar las clases con algunas dinámicas de grupo relacionadas con los contenidos de la materia que estamos trabajando y que nos suelen llevar a debates muy interesantes dentro del aula. Al igual que intento enseñarles todo lo que sé de la mejor manera posible, yo aprendo mucho de ellos, de sus comentarios, de sus opiniones, porque nuestros jóvenes son uno de los más fiables reflejos de la situación general de la ciudad. Y es por esto que hace dos semanas, durante el desarrollo de una actividad grupal, me acordé de los llamados falsos dilemas, que estudié durante la carrera. Les cuento que se denomina así a la presentación de una situación como si solamente tuviera dos puntos de vista (normalmente muy extremos), sin tener en cuenta otras opciones alternativas dentro de una gama de posibilidades; hablando en palabras más llanas, su ejemplo más claro es lo que todos conocemos como “o estás conmigo o en mi contra”. Mariano Rajoy y sus frases del estilo “o incumplo el programa o el país se hunde”, se ha convertido en este último año, en uno de los referentes de falsos dilemas en este país.

Y esta situación la observé cuando, llevando a cabo una técnica de comunicación, mi grupo decidió debatir sobre el polémico tema de si les parecía correcta o no la decisión del líder de CPM, Mustafa Aberchan, de permitir la entrada de inmigrantes en su domicilio particular. Lo que empezó como uno de nuestros diálogos habituales, se convirtió en una división clara de mis alumnos y que reflejó con gran fidelidad, las posturas de buena parte de la población melillense: o estás del lado de los agentes de las fuerzas de seguridad o del lado de los inmigrantes, sin más opciones intermedias y sin más posibilidad de decantarse por defender el bienestar conjunto de todos los implicados en el asunto (éste es un clarísimo ejemplo de falso dilema).

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Algunos políticos usan en bastantes ocasiones dichos dilemas, fomentando que la ciudadanía tenga que decidir entre los dos extremos, dificultando ser neutral u opinar de manera diferente; parece que si no te unes abiertamente a una de las dos partes, eres enemigo de al menos, una de ellas. Pues esto es lo que ha ocurrido con el debate que les comentaba anteriormente. Los dirigentes de la ciudad, a través de las distintas declaraciones en los medios locales, nos han transmitido la idea de que existen dos bandos: los buenos y los malos, unida a la urgencia de que los representantes políticos de los diferentes partidos nos decantáramos por un lado o por otro. Entrar en ese juego no trae ninguna consecuencia positiva y por eso, desde el Partido Socialista de Melilla no lo hemos hecho. Una de nuestras banderas ha sido, desde siempre, la defensa de los derechos humanos, entendiéndolos, tal y como dice la ONU, como algo inherente a todos los seres humanos, sin ningún tipo de distinción. Defendemos, con muchísima rotundidad, la total y absoluta protección de las fuerzas de seguridad del estado y la de los inmigrantes que entran en nuestro país (regular o irregularmente). Primar el bienestar de un grupo sobre otro, rompería la universalidad de los Derechos Humanos y eso es el principio de la fragmentación social.

Dicen los entendidos que habitualmente los falsos dilemas son una excusa para estimular una especie de amnesia colectiva que beneficia al que habla, puesto que aleja al que escucha del verdadero origen del problema. Mientras estamos entretenidos en discutir cuál de las dos opciones que nos presentan es la correcta, no tenemos tiempo de pensar en lo que realmente ha causado esa situación: “lo urgente por encima de lo importante”, sería su máxima. Decidir si nuestra defensa va hacia un grupo u otro (eso es lo urgente), nos dificulta la reflexiones lógicas sobre el por qué del aumento de la entrada de inmigrantes a nuestra ciudad en el último año o el motivo del cambio en las formas y actitudes de acceso a Melilla (eso es lo importante). Si no nos dirigimos hacia esta segunda parte, difícilmente vamos a solucionar el conflicto.

 

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A veces prefiero creer que los falsos dilemas se originan sin mala intención, porque, según leí hace algún tiempo, las alternativas son pensar que el que habla quiere crear confusión en la ciudadanía, que realmente no conoce otras opciones distintas o que carece de capacidad crítica. Verdaderamente, no tengo muy claro lo que es peor.

Los lectores que van siguiendo habitualmente mis textos, se extrañarán que hoy no haya hecho referencia alguna a mis habituales conversaciones con mi vecina, pero es que éste va íntegramente dedicado a mi compañera Nora. Ella sabe por qué.

Gloria Rojas
Publicado en El Faro / 13 de mayo de 2013

Contra la resignación

El pasado 23 de abril, con motivo del Día Internacional del Libro, me plantearon como a otras personas del ámbito público que eligiera un par de libros que por distintos motivos considerara que me habían marcado.

Después de pensarlo, y no fue fácil porque como dice un amigo mío me leo hasta los prospectos del champú, elegí un ensayo político de Tony Judt, “Algo va mal”, que me parece de una claridad absoluta para analizar el momento actual desde el punto de vista económico, político y social, y también una novela de Dominic Lapierre, “La Ciudad de la Alegría”, a través de cuyas páginas aprendí una lección que de una u otra manera siempre me ha acompañado, ante la explotación de unos hombres por otros, no se puede tener una actitud pasiva o te comprometes y luchas o al final terminas siendo cómplice de esa explotación, que tiene muchas caras y muchas formas de manifestarse según cada momento y cada lugar.

Hecha la elección, sin embargo, me venía a la mente de forma insistente otro libro escrito por el entonces Obispo de Evreux, Jacques Gaillot, (por cierto, posteriormente cesado), “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”, un alegato valiente sobre el verdadero sentido de la Iglesia como servicio a todas las personas que por cualquier causa, económica, social, étnica, sexual etc…, se encuentran marginadas, excluidas de eso que suele llamarse la sociedad bienpensante.

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Tal vez por eso, cuando unos días después en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, los representantes del Gobierno dibujaron para nuestro país un panorama desolador en los próximos años, y sin embargo no fueron capaces de plantear ni una solución, y su única esperanza es que en algún momento las cosas cambiarán, lo primero que se me vino a la cabeza fue la frase “una política que no sirve, no sirve para nada”. Y, para alguien, que como yo, en un momento de su vida decidió comprometerse en política esto es inadmisible.

Si hay algo diametralmente opuesto a la esencia de la política, es la resignación (y ya de paso diré que pese a lo que, desgraciadamente, se ha intentado imponer durante siglos, también es absolutamente opuesta a la esencia del mensaje cristiano).

Como progresista, como persona de izquierdas, sólo puedo entender la política como la actividad que proporciona las condiciones para el cambio social que permita a todos y a todas  compartir los beneficios de una sociedad próspera, justa, igualitaria, y libre, y eso no puede conseguirse simplemente sentándose a esperar a que las cosas cambien porque sí, y mucho menos empecinándose en medidas de recorte, de austericidio, que no sólo no resuelven nada sino que, además, nos condenan a la desigualdad, la injusticia y la falta de libertades.

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En política tiene que expresarse la fuerza transformadora de la sociedad sobre todo ante quienes profetizan que nada se puede cambiar. En el origen del 1º de mayo, que también estos días se ha conmemorado, está la lucha de los trabajadores por conseguir una jornada de trabajo humana, bajo el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para la familia”. En aquel momento, no faltaron quienes dijeron que si se dejaba de trabajar 16 horas al día, la economía se hundiría, las empresas cerrarían, habría más paro y pobreza, y sin embargo el trabajo sindical, político y social no sólo consiguió esa reivindicación sino que demostró que siguiendo otros caminos se creaba más riqueza y lo más importante se distribuía mejor. Que casi 130 años después se nos quiera convencer de que con menos derechos laborales, con menos protección social, y sin servicios públicos viviremos mejor es, simplemente, inasumible.

Por eso la política tiene que recuperar su protagonismo como actividad libre, creativa, flexible, abierta a la participación. Una actividad en la que los principios y los valores marcan el objetivo, el horizonte y el camino, y en la que la capacidad de escucha y de diálogo  se convierten en elementos claves de la práctica cotidiana. La política es capacidad de acuerdo, y nunca de simple componenda.

Por eso, negarse por principio al acuerdo, como hace el Gobierno actual, no dar protagonismo a la participación ciudadana es ya, no sólo antidemocrático, sino además, antipolítico.

Como ya apreció Keynes, “el problema político de la humanidad consiste en combinar tres cosas: eficiencia económica, justicia social y libertad individual”, y esto sin amplitud de miras, tolerancia, aprecio por la diversidad y capacidad de diálogo es imposible.

 

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 6 de mayo de 2013