INTELIGENCIA COLECTIVA

Estos días, por diferentes motivos, he estado profundizando en la trayectoria vital y política de Willy Brandt que fue presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde 1964 a 1987, Alcalde de Berlín y Canciller de la entonces llamada República Federal de Alemania.

Y no deja de sorprenderme como la historia, en un movimiento pendular perpetuo, traza ciertos paralelismos entre diversos momentos históricos y en las actitudes de sus protagonistas. En la década de 1960, en plena guerra fría, Alemania vivía un auténtico “momento de cambio”. Los estudiantes y los trabajadores exigían en la calle la superación del conservadurismo dominante y la profundización en reformas democráticas y sociales.

Sabiendo leer perfectamente esos nuevos “signos de los tiempos” y sintiéndose, como político progresista, profundamente comprometido con ellos, en su primer discurso ante el Bundestag como canciller terminó haciendo una auténtica declaración de intenciones que se hizo inmediatamente famosa “DEBEMOS ATREVERNOS CON MÁS DEMOCRACIA”.

Ante las mismas manifestaciones ciudadanas, su antecesor en el cargo del CDU, el partido que hoy dirige Angela Merkel, había dicho “son una multitud vergonzosa, de pelo largo, abandonados, que necesitan un baño, y alguien para disciplinarlos”. ¿Les suena?, si vivera hoy y fuera un dirigente de la derecha española hubiera dicho simplemente “son todos unos perroflautas”.

Hoy en toda Europa, y muy especialmente en España, se reclama también un cambio que exige una mayor profundización democrática. Algunos lo hacen activamente, otros muchos exigen ese cambio mostrando una clara desafección por la política. En uno u otro caso la respuesta sólo puede ser una, más democracia.

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Es cierto, que fueron decisiones políticas, fundamentalmente tomadas en EE.UU. y Gran Bretaña, las que en la década de los 80 dejaron la economía en manos de tecnócratas que no respondían ante ninguna instancia democrática y que plantaron la semilla que nos ha traído hasta la crisis actual. Pero no es menos cierto, que en esa misma época, en España a partir de 1982, se tomaban decisiones políticas que nos hacían avanzar hacia una Sanidad pública y universal, hacia una Educación gratuita y para todos/as y consolidaban y extendían nuestro sistema de pensiones. Y hacia el futuro tendrán que ser también decisiones políticas las que pongan el sistema financiero y económico al servicio de los ciudadanos.

Eso si, tiene que ser una política distinta que supere lo simplemente institucional para avanzar hacia una política abierta. Una política que, sobre todo, integre en la toma de decisiones la iniciativa de los ciudadanos, generando una auténtica inteligencia colectiva que se nutra del conocimiento directo de sus circunstancias y problemas así como de su capacidad para generar propuestas y conseguir soluciones dialogadas y consensuadas.

Una política que abandone la máxima de que el ciudadano vota, delega y se olvida, y la sustituya por la idea de que los ciudadanos votan, tienen derecho a ser informados y a participar en las decisiones que les afectan.

En un mundo en el que la información se transmite al instante de producirse, todos aspiramos y tenemos derecho a ejercer nuestra ciudadanía en tiempo real.

Todo esto requiere profundos cambios en nuestro sistema democrático que sin dejar de ser representativo debe avanzar para ser mas participativo. Cambios que afectarán a las instituciones parlamentarias, al Congreso que debe avanzar para que las mayorías absolutas no puedan bloquear la iniciativa parlamentaria o las posibilidades de investigación de temas de interés general, y para que sea mucho más fácil que las iniciativas populares lleguen a ser debatidas. Al Senado que debe transformarse en una verdadera cámara de debate y coordinación territorial.

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Cambios en nuestro régimen electoral para dotarlo de una mejor proporcionalidad, cambios en los partidos políticos, que tienen que dar el primer ejemplo de transparencia, participación, cauces de colaboración ciudadana y garantías de exigencia ética.

Estos cambios, y otros necesarios, exigirán reformas legislativas y en algunos casos de la propia Constitución de 1978, ante esto, ya se levantan voces que consideran inamovible lo establecido entonces, pero para esto también tiene lecciones la historia, Thomas Payne recordaba ya en el siglo XVIII, que “El hombre no tiene derecho de propiedad sobre el hombre, y tampoco tiene ninguna generación derecho de propiedad sobre las generaciones que la sucederán”.

Estos cambios tienen que producirse, además, en todos los niveles. No sólo en el nacional también en el autonómico y local. Los melillenses tenemos derecho a aspirar a una ciudad gobernada dando participación a los ciudadanos. Por qué no podemos tener unos presupuestos participativos que de una forma racional permitan establecer prioridades de gasto a los vecinos de un determinado barrio o distrito. Por qué no podemos conseguir que iniciativas ciudadanas sean debatidas en la Asamblea. Por qué no es posible que los ciudadanos, con una adecuada reglamentación, puedan hacer preguntas directamente al gobierno local. O que sea normal pedir opinión a organizaciones sociales cuando se vayan a adoptar normas que nos afecten a todos. ¿Simplemente porque nunca se ha hecho así?, ¿porque no se confía en la capacidad de los ciudadanos?.

Para esto también tenía una visión clara Willy Brandt, “El futuro no puede estar dominado por aquellos que están atrapados en el pasado”.

Gregorio Escobar
Publicado en El Faro / 20 de mayo 2013

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